El packaging del futuro será más pequeño que ahora y biodegradable

  • Almafrut, pionera almeriense en el sector de envases y embalajes agrícolas, ya comercializa artículos respetuosos con el medio ambiente · Los cambios en la estructura social hacen que el cliente prefiera comprar en cantidades pequeñas

Parece que ya se ha inventado todo. No hay más que fijarse en las modas, que son cíclicas (ahora vuelven los '80), o en los remakes de películas y el rescate de series míticas. Tampoco la agricultura se queda a la zaga en este sentido. ¿O acaso el uso de la fauna auxiliar no es sino un regreso a las técnicas de cultivo primigenias?

Vuelve lo natural. También en el packaging (acepción inglesa del típico envase, dotada de un concepto más amplio en términos de comunicación). De esto sabe mucho Emilio Martínez Llamas, presidente de Almafrut, comercializadora de envases y embalajes, y de sus tres empresas asociadas Cerys, Ingro y Cysa, que cuentan con una administración y una gerencia conjuntas.

La vida de este empresario almeriense ha ido siempre ligada al sector de los envases y embalajes agrícolas. Su padre se dedicaba a la venta de sacos de esparto y de yute, y después él siguió sus pasos.

En los albores de la comercialización hortofrutícola el término 'embalaje' iba de la mano de la optimización de recursos (lo que hoy llamamos 'reciclaje'). Martínez recuerda nítidamente el proceso. Los sacos llegaban con bacalao salado, se vaciaban en las tiendas y se volvían a llenar con verduras.

El paso sucesivo fue el cambio en los materiales. "Se utilizaba el rayón para que dieran un tono verde a las habichuelas", explica. Y de ahí se evolucionó hacia unidades cada vez más pequeñas. "Nos dimos cuenta de que había que convencer al cliente", los productos se marchitaban en las tiendas, así que decidieron cambiar los embalajes por otros con menos capacidad, llegando a las sacas de 15 kilogramos.

Un tiempo después los sacos y las cajas de madera dejaron paso a nuevos conceptos más actuales. "Fuimos la primera empresa de Almería en comercializar un envase de cartón". Le siguieron el plástico, los alvéolos, la malla...

La empresa ha ido creciendo al mismo ritmo que la agricultura intensiva. Las nuevas necesidades han impuesto la paulatina ampliación de servicios y productos especializados, como la línea de maquinaria agrícola, que facilita enormemente el trabajo de los agricultores.

Martínez aún recuerda la reacción de los dueños de una sociedad hortofrutícola cuando adquirieron su primera carretilla elevadora. "Era una locura, ¡parecía que habían comprado un Concorde!".

Con 40 años de experiencia, la empresa Almafrut es, a día de hoy, la más antigua del sector en la provincia. Pioneros en la obtención del Certificado de Calidad ISO dentro de su sector, han pretendido estar siempre a la altura de las circunstancias. Otras firmas, sin embargo, se han quedado en el camino. "Algunas iniciaron pero se hundieron porque querían ir demasiado rápido", explica Emilio Martínez.

Las claves para seguir en los puestos altos del sector son tres: tratar de anticiparse en lo posible a las necesidades de los clientes; apoyarse en un buen equipo de recursos humanos; y comercializar marcas de proveedores serios.

La primera de las premisas es especialmente importante: anticiparse al futuro. La agricultura está en continua evolución, especialmente en los últimos años. A esto se suman los cambios en la estructura de la sociedad y las modificaciones en las pautas de conducta. Y hay que satisfacer tanto al agricultor como al cliente final.

En este sentido, la última acción ha sido la de implementar envases ecológicos y biodegradables en el catálogo de productos. Almafrut comercializa desde hace dos años este tipo de embalajes, consciente de que la tendencia ecológica cobra fuerza día tras día.

Sin embargo por ahora sólo los consumidores más exigentes, en su mayoría los clientes de los países del norte de Europa, optan por este tipo de packaging que se desintegra sin dañar al medio ambiente.

La posibilidad de que el 100% de los envases se realicen con estos materiales biodegradables es aún muy lejana. La traba principal "es su coste", que está bastante por encima del tradicional plástico o el cartón. Paralelamente, el sector asiste también a la reducción de las unidades de consumo. Los paquetes individualizados aumentan su presencia en las estanterías de los comercios. Se adaptan, así, a la tendencia de la atomización familiar. "Hay estudios que demuestran que cada vez son más las familias monoparentales", arguye Martínez. Como resultado de esto, las cantidades se reducen a la mínima expresión.

El segundo pilar de Almafrut y de sus tres empresas asociadas es, según el propio presidente, "su capital humano". Hay 60 empleados en plantilla, 17 técnicos de reparación y mantenimiento y 8 comerciales trabajando desde hace años en la firma. La mayoría han desarrollado "toda su vida laboral" en la sociedad, e incluso algunos han dejado el testigo en manos de sus hijos. La seriedad de los proveedores y fabricantes es, finalmente, el tercer estandarte de la firma comercializadora. Entre las marcas con que cuentan las 4 empresas (Almafrut, Cerys, Cysa e Ingro) están Toyota-BT, Ulma o Inkema.

Entre el 65 y el 70% del volumen de negocio está constituido por envases y embalajes. El resto de las ventas lo encabeza la maquinaria.

Además de abastecer a la horticultura almeriense, se provee también de servicios a sectores como el de la piedra, a empresas de perfumería, mataderos, congelados o almacenes. Algunos de los productos y maquinarias que se comercializan son puertas y muelles automáticos, carretillas elevadoras, packaging y contenedores y palets de plástico.

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