Acento calé y talento sin artificios para 'La casa de Bernarda Alba'

Conseguir que una muerte saque las carcajadas del público convence de la capacidad interpretativa y el buen hacer de las actrices procedentes del poblado chabolista de El Vacie, en Sevilla. La primera escena de La casa de Bernarda Alba, representada por la compañía Atalaya-TNT, obtuvo los primeros aplausos del Auditorio ejidense.

Antes de que empezara la representación, se podía ver como llegaba público de etnia gitana, de Matagorda y Pampanico. Muchos de ellos querían ver como se desenvolvían en escena mujeres que no saben ni leer ni escribir. Hubo una buena entrada.

La naturalidad sobre el escenario de la mayoría de las mujeres y la capacidad para que el público se creyera a los personajes fue lo más destacado de la representación.

La primera escena en la que salía la abuela, llorando y riendo por la muerte del marido de Bernarda, fue uno de los momentos más divertidos de la obra. Cada vez que aparecía este personaje la carcajada se hacía presente en el Auditorio.

El luto que impone Bernarda en su casa a sus hijas afecta tanto a su indumentaria como a su vida amorosa y así lo pudieron mostrar las actrices de El Vacie. La prueba del pañuelo fue uno de los claros ejemplos del duro matriarcado que estaba imponiendo Bernarda.

Sin grandes artificios, contaron la historia de una manera sencilla y sin explicarla demasiada. Las luces y sombras, silencios y los breves diálogos dieron rienda suelta a que el público, que conociera la obra, empleara la imaginación.

El decorado era sencillo y las actrices transportaban algunos de los elementos sobre sus cabezas, muchas de ellas demostraron el equilibrio que poseían. Unas gradas servían para que se colocaran las distintas intérpretes y la jaula del corral donde se metía a la abuela. No había mucho más sobre la escena, lo que hacía que el público no se distrajera de lo que estaban contando.

Las actrices contaron la historia con su propio acento y cantaron algunas canciones en calé y otras con tono más rumbero. Con alegría y salero, las protagonistas ofrecieron su repertorio en el Auditorio.

Muy acertado el papel de la actriz de la compañía Beatriz Ortega que llevó el gran peso de la representación, y se manejaba en el escenario con soltura. Se compenetró con sus compañeras y ofreció grandes momentos junto a Bernarda Alba.

Parecía que se estuvieran disputando de forma real, el amor de Pepe, El Romano. La abuela se metió entre las butacas e interactuó con algún asistente. El público acabó en pie, para después llenar la cafetería con la charla de las actrices.

Una de las primeras preguntas fue cómo surgió la posibilidad de realizar esta obra de teatro. Rocío Montero (Bernarda Alba), fue la que respondió a la mayoría de las preguntas: "Cuando sales de El Vacie, está la productora. Lo propusimos como un juego, y empezamos al principio sin pagarnos ni nada. Era por salir del barrio. Íbamos para comer y divertirnos. Pepa Gamboa nos ha enseñado mucho".

También se estableció un debate sobre la etnia gitana y cómo veían los payos a éstos. "Somos iguales que ellos. Cuando buscamos trabajo a nosotros no nos lo dan pero a ellos sí", dijo Montero, entre otras afirmaciones sobre este tema. Los presentes las felicitaron y las animaron a seguir con su arte por los escenarios españolas y a salir de su barrio chabolista para tener una vida mejor.

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