La desaparición de las pedanías

Almería, lider andaluz en barriadas abandonadas

  • Junto con Jaén, Almería cuenta con más núcleos que han pasado al olvido, con cerca de una treintena. Registra casi el 25% de toda la comunidad autónoma

 España cuenta con en torno a 3.000 poblados abandonados en la actualidad, la mitad de estos se encuentran en Galicia según el Instituto Nacional de Estadística (INE). En Andalucía existen en torno a un centenar y de estos, cerca de 30 se encuentran en Almería, la mayoría de ellos (algunos pueblos, pero la mayoría pedanías) repartidos entre la Sierra de Los Filabres o la Alpujarra. Junto con Jaén, la provincia de Almería es la que más núcleos está perdiendo en los últimos años, entre las dos provincias acaparan el 60% de estos datos (25% Almería). Y es que, en apenas un siglo, Almería ha cambiado radicalmente su estructura demográfica. En el año 1900, un 51% de los habitantes vivían en los municipios del interior. Por entonces, la agricultura era el santo y seña de Almería y vivía de su producción. Ahora los tiempos han caído y las ciudades costeras han adquirido el protagonismo. Se ha dado la vuelta a la tortilla y en pleno 2013, el 75% de los habitantes de la provincia ( de un total de 705.000) ya viven en la costa de la provincia. Así, en la actualidad existen hasta 26 núcleos sin residentes o, en el mejor de los casos, con circulación de estos debido a la posesión de tierras a las que cuidar en sus inmediaciones. Núcleos como Cortijo Alto, Cortijo Real, Las históricas Menas de Serón o Portocarrero (que guarda parte de la historia de la provincia) han dejado de contar con paseos diarios en sus calles. Todos estos poblados tienen una historia, la de su fundación, la de una vida y, desgraciadamente, la de su fin. Hay casos característicos, como el de Hueli, una de las más de treinta pedanías de la localidad de Sorbas, que se encuentra a una distancia de 10 kilómetros. Durante años fue lugar de rodaje de escenas de algunas de las películas que productores americanos o italianos trajeron hasta Almería. Posee unas quince viviendas y se vivía de los olivos, el cereal, los almendros y el pastoreo de olivos y almendros. El cartero no tenía posibilidad de llegar y, además, carecía de servicios básicos para la superviviencia. Fue a finales de la década de los setenta cuando la última familia que se alojaba en el núcleo decidió abandonarlo. Ahora es un pueblo fantasma que se visita de forma puntual dentro de un turismo rural. Curiosa historia la que también guarda Mancheño, un pedanía situada dentro del privilegiado encanto que marca la tierra de Los Vélez. Estaba compuesto por una treintena de casas y dos filas de calles. Su cultivo principal era el cereal, pero sus habitantes también se dedicaban a la ganadería, con cabras y ovejas. No tenían patrón y, por lo tanto, se quedaban fiestas tampoco había escuela, así que acudían a la de Topares. La gente fue abandonando el núcleo sin haber conocido aún la luz eléctrica. El colmo fue en 1978 cuando una intensa nevada tuvo a sus habitantes incomunicados durante una semana. Poco tiempo tardaron en abandonar Mancheño tras ese suceso. La mayoría de sus habitantes acabaron en Elche, debido al efecto dominó que produjo la llamada de trabajo de esta ciudad valenciana. En la comarca de los Filabres, Portocarrero (pueblo que le da nombre a una de las insignias históricas y culturales de la provincia) se encuentra ya abandonado. El pastoreo de cabras y ovejas era el método de supervivencia de sus gentes, pero también se apoyaban en el cultivo de patatas, garbanzos, olivos o almendros. Las condiciones eran bastante duras para el invierno y cuando se secó la Rambla de Gérgal, la gente emigró.

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