Cientos de vecinos rinden homenaje a San Gonzalo a lomos de una burra

  • Según la tradición el santo era el benefactor de los oriundos del Valle del Cariatiz y se encargaba de curar todo tipo de enfermedades · Ayer se celebró la tradicional romería en la era de Los Herreras

En el Valle de Cariatiz, a varios tiros de piedra del núcleo urbano de Sorbas, se extiende una sucesión de barriadas, pequeñas aldeas que aún conservan antiguas costumbres, junto con una herencia cultural que ha llegado casi intacta hasta nuestros días merced al interés de algunas asociaciones culturales.

Las cortijadas, las barriadas, llevan el nombre de los repobladores que allá, hacia el siglo XVI, fueron enviados a dar vida de nuevo a esta tierra. Así, Los Pérez, Los Alías, Los Andreses, Los Mañas, Los Pelaos, Los Martínez, Los Ramírez, hasta la propia Cariatiz que denomina al Valle.

Cuenta Cándida Ramírez, una jovencita de ochenta años, que entonces, cuando el pasado siglo comenzaba el camino, "llevaban al santo de cortijo en cortijo para que las bestias preñadas, la burras, las yeguas, pariesen bien no fuese cosa del demonio que alguna muriese con lo que valía un animal". Ella lo recuerda desde que cumplió los siete años, ayer como quien dice.

Parece ser que el santo, San Gonzalo de Amaranto, también era efectivo en algunas enfermedades de los niños. De todo lo cual se colige que el santo no paraba: burra preñada, allí el santo; yegua a punto de parir, que venga el santo; chiquillo con fiebres, el santo en la cabecera. Como de bien nacido es ser agradecido, la gente del Valle de Cariatiz le prometía al santo tal o cuál cosa si la cosa, o sea, el parto de la bestia o la recuperación de la criatura, se consumaba como Dios manda. Después, la fiesta celebrando el nacimiento del pollino o de la pollina.

Las idas y venidas del santo cesaron poco antes de la guerra civil, nada más se supo de la imagen de San Gonzalo de Amaranto. El santo estaría en algún lugar se preguntaban las buenas gentes. Tras un intenso trabajo de campo, dos jóvenes, Ana María Rodríguez, presidenta de la Asociación Amigos de Sorbas, y Andrés Pérez, editor de la revista cultural AFA, encontraron hace tres años al santo en la barriada de El Mayordomo.

Estos dos jóvenes, más otras muchas personas que se unieron, decidieron recuperar la tradición e incluirla en el patrimonio etnográfico de la zona. De este modo, cada último fin de semana del mes de abril se celebra la Romería de San Gonzalo de Amaranto, que organiza la Asociación de Mujeres Villa Cariana, de Cariatiz de Sorbas.

La Romería comienza en la era de Los Herreras con un buen desayuno de bienvenida consistente en chocolate con piñonates. Después de los bailes tradicionales: jotas, parrandas, malagueñas, San Gonzalo de Amaranto recorre a lomos de un burro las barriadas y cortijadas del Valle seguido de centenares de fieles que ayer vibraron con su presencia.

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