Don Rosendo 'duerme' en el lugar que siempre quiso

  • Un cardenal, varios obispos y arzobispos y los sacerdotes que él ordenó estuvieron presentes en su último adiós El cuerpo del obispo emérito descansa en la capilla de San Lorenzo de la Catedral de Almería

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Ninguna institución como la Iglesia es capaz de dotarse de esa íntima solemnidad que preside sus actos más sobresalientes. Ayer, la despedida de un hombre al fin y al cabo, pero que capitaneó la diócesis almeriense durante trece años, tuvo mucho de esa ceremonia que en el escenario más solemne y con la liturgia desplegada en todo su esplendor, adquiere tintes de acontecimiento inolvidable. La despedida de Rosendo Álvarez Gastón, obispo emérito de Almería, congregó frente al altar mayor y ante la presencia del ataúd con los restos mortales de quien fue su prelado al cardenal y arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo;, al arzobispo de Granada, Javier Martínez Fernández; a su homólogo de la capital hispalense, José Asenjo; al obispo de Huelva (donde Don Rosendo también ejerció como ordinario) José Vilaplana Blasco y al de Jaca Julián Ruiz Martorell junto con los representantes del colegio cardenalicio y, seguramente lo que al finado le hubiera gustado más, la totalidad de los 33 sacerdotes a los que ordenó durante su ejercicio.

Sus restos descansan en la que fue su casa, en la capilla de San Lorenzo o de la familia Puche de la catedral almeriense, convertida en capilla funeraria de obispos desde hace más de dos siglos. Hará compañía a Bernardo Martínez Noval, Manuel Casares Hervas y Santos Zárate Martínez. La suya será la cuarta lápida y, sin duda, se convertirá en una de las más visitadas a tenor del lleno que presentaba el templo principal de la capital almeriense que ayer, se juntó para decir el último adiós a quien presidió ceremonias parecidas en el mismo lugar.

"La muerte del que fuera pastor de esta iglesia nos entristece, pero es en este momento cuando nuestra fe nos conforta". Fueron las primeras palabras que se escucharon en la liturgia. "Un día fue recibido en la familia de los hijos de dios por el bautismo; desde entonces sus manos, sus labios y su corazón han estado consagrados al ministerio presbiterial en la Diócesis de Pamplona y Huelva y al ministerio episcopal en Jaca y Almería".

El sermón de su sustituto Adolfo González Montes, hizo silencio la multitud. Recordó ese día del 10 de agosto de 2010, cuando celebraba las bodas de plata de su ordenación episcopal en su pueblo natal, la localidad navarra de Mues, cuando sintió el aliento de la enfermedad y "comenzó su calvario". Las palabras de entonces adquirieron ayer todo su significado: "todo está en mí perfectamente asumido".

González Montes asumió en primera persona el recuerdo de esas vivencias compartidas en la intimidad de un relevo y una relación que no interrumpieron los años. Puso el acento en esa "renovación del clero como el eje en el que basó toda su acción pastoral y esa nueva espiritualidad que permite reforzar la acción evangelizadora". Tampoco rehuyó la polémica que le acompañó en su actuación, mirándola de frente y como un rasgo más de su peculiar personalidad, cuando se refirió a una vida que "también nos reserva sinsabores y malentendidos, obstáculos en nuestra carrera, sinsabores que a veces se adueñan de esa amargura en el ejercicio de su labor, que hace que no nos fijemos en lo que se ve", algo que don Rosendo asumió como "el peso de su carga". Una de las últimas sentencias resonó hasta la puerta de los Perdones: "se ha dormido para resucitar en la vida eterna". Tras el altar mayor, esa capilla de San Lorenzo, recogerá a partir de ahora su sueño eterno.

La vida de Rosendo Álvarez también sobrevoló todo su funeral, cuando Don Rosendo recordó que, al fin y al cabo, estaba allí para rendir tributo a "la muerte de un sacerdote, de alguien que sintió esa vocación misionera desde muy temprana edad, algo que forjó de esa misma manera su carácter y psicología de austeridad", que le vino de una "educación en el sacrificio en una familia numerosa y cristiana, lo que se vio cimentado a lo largo de toda su educación".

Recordó también a la diócesis de Jaca "que nos lo llevó al norte", aunque regresó a "la calidez" del sur, "hasta la provincia de Huelva cuyo obispo nos acompaña hoy también para decirle adiós". El seminario rescatado a la diócesis de Granada durante su mandato, es uno de los ejes de su actuación, aquello de lo que siempre se sentirá orgulloso, ". La simiente que dará fruto" en la diócesis de Almería. Buena prueba de ello es la cantidad de actuales y antiguos seminaristas que hoy e daban cita entre los asientos de la catedral y sobre todo, todos y cada uno de la treintena larga de sacerdotes a quienes ordenó durante sus años de obispo.

Una procesión de su cuerpo, flanqueado por su sucesor en la que pasó por delante de la que fue su obra más imperecedera, la residencia de sacerdotes y por la puerta que tantas veces traspasó de su propia residencia, fue el último homenaje que ni el fortísimo viento que ayer sopló en toda la provincia se quiso perder para disgusto de la indumentaria del cortejo. De nuevo la puerta de la catedral, se abrió de par en par, por última vez, para acoger a aquel que tantas veces la traspasó.

Ortodoxo en su doctrina y firme en sus pensamientos, Rosendo Álvarez descansa, "duerme" como se dijo a mediodía de ayer en la que fue su casa, en aquel lugar frente a la que fue su residencia durante trece años y aquel sitio en el que será recordado. Es, sin duda, el lugar que hubiese querido elegir si pudiera para permanecer en el recuerdo de los almerienses. Ayer, sus representantes estuvieron presentes para tener con él su último recuerdo; aquellos que sabían que hoy no iban a poder estar entre ellos por motivos de agenda, se acercaron a lo largo del día de ayer a visitar su capilla ardiente. Con ese "carácter forjado en su vida misionera", don Rosendo ha dejado un recuerdo imborrable a su paso por la provincia, algo que aún no buscado, es sin duda, el mejor colofón que se le puede poner a una vida digna de elogio y de servicio a una idea, a una institución que ayer le reconoció el trabajo realizado que nunca será olvidado, como su huella en Almería.

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