EEUU reafirma su compromiso con la descontaminación de Palomares

  • El embajador norteamericano en España, Jaime Costos, asegura que hay "dialogo abierto" entre los dos países para solucionar este problema Apunta a que el proceso está "avanzado"

El embajador de EEUU en España, Jaime Costos, reafirmó ayer el compromiso de su país con la descontaminación de Palomares y señaló que hay "diálogo abierto" con las autoridades españolas en este sentido y que el proceso está "avanzando".

En una entrevista en Televisión Española, recogida por Europa Press, Costos recuerda que Washington se comprometió "directamente" con el Gobierno español para limpiar la zona de la pedanía de Cuevas de Almanzora en la que en enero de 1966 cayeron dos de las cuatro bombas termonucleares que portaba un B-52 estadounidense que chocó en pleno vuelo con otra aeronave procedente de la base aérea de Morón.

El representante diplomático ha dicho que es "consciente" de esa situación "incluso desde antes de llegar a España como embajador" y que ha sido su "prioridad" como embajador.

Así, explica que EEUU sigue trabajando en "algunas resoluciones" y que se sigue "avanzando" para que la Administración norteamericana asuma su compromiso de descontaminar las parcelas afectadas de plutonio y americio, dos elementos altamente radioactivos. EEUU se comprometió con la descontaminación en el año 2010, cuando durante su visita a España el entonces vicepresidente Joe Biden, acordó constituir un grupo de trabajo a nivel federal estadounidense para considerar las demandas españolas.

Con todo ello, la limpieza de residuos radiactivos en Palomares sigue aún estancada desde 2012, cuando se produjeron los últimos avances en la relación bilateral entre España y Estados Unidos para que el país norteamericano se haga cargo y se lleve de España los residuos nucleares que permanecen en la zona desde hace 40 años.

La historia de los residuos data del 17 de enero de 1966, cuando se produjo una colisión accidental de dos aeronaves estadounidenses en una operación de repostaje en vuelo. Los dos aviones quedaron completamente destruidas y sus restos se extendieron sobre cientos de hectáreas en el litoral y en el mar. Entre estos restos había cuatro bombas termonucleares. Dos de las bombas deflagraron y parte de su explosivo químico se diseminó. En concreto, quedaron esparcidos buena parte de los 9 kilos de combustible nuclear fisionable.

Así, el informe del CSN 'Palomares, en el camino de la normalización radiológica', resume que desde 1966 los programas de vigilancia "no han mostrado ningún resultado que haga sospechar la existencia de morbilidad inducida por las radiaciones ionizantes y que no hay ninguna patología directamente relacionada con la dispersión de material radiactivo en el medio ambiente a causas del accidente". Sin embargo, el riesgo radiológico para la población sigue vigente, a través de las partículas contaminantes si se transmiten por el aire o por los alimentos. "La restricción de uso de los terrenos aseguró que la exposición de la población fuese muy baja", valora el documento.

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