Elegancia y saber vestir en manos de un sastre

  • En el número 58 de la calle Granada trabaja el sastre más longevo de Almería. Andrés Camacho Quesada mantiene en pie el negocio junto a sus familiares desde el año 1955.

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La historia de Andrés Camacho Quesada, el sastre más antiguo de Almería, daría para escribir un libro. Una historia de 50 páginas; el mismo número de años que lleva trabajando en esta profesión.

Comenzó en el oficio como empiezan todos los sastres, de ayudante, recogiendo agujas e hilos del suelo. "Sólo tenía 10 años y ayudaba en lo que podía a Julio López, quien fue mi maestro y me enseñó todo lo que sé. Recuerdo que fue en 1947", recuerda.

Desde entonces dedicó su vida a un oficio basado en la búsqueda de la elegancia, la finura y el arte de saber vestir. Con su inseparable metro amarillo colgado al cuello, Andrés, hacía sus primeros pinitos. "Cuando cumplí la mayoría de edad, me establecí por mi cuenta. Tardé en aprender aproximadamente ocho años. El día que terminé mi primera chaqueta supe que podía trabajar sólo", cuenta, mientras observa una chaqueta en el número 58 de la calle Granada, donde se encuentra el negocio.

Transcurrían los años y el joven Andrés cada vez atendía a más clientes. Se estableció durante dos años en la calle de la Música hasta 1955, junto a su nuera y su hijo Rafael. Por aquel entonces cobraba 700 pesetas por un traje a medida completo. "Era caro, teniendo en cuenta que un oficial del ejército cobraba unas doce pesetas diarias".

La ropa militar siempre ha sido una de sus debilidades. De hecho actualmente trabaja con prendas oficiales de la Policía Local. "A raíz de un concurso que me presenté para El Corte Inglés, la Policía de Almería se fijó en mi. Han pasado 30 años desde entonces, los mismos que llevo ganando el concurso de vestuario de la Policía de la capital", reconoce, mientras muestra un gorra policial.

El trabajo de sastre requiere el manejo de numerosas habilidades. Los arreglos, la confección, las transformaciones del vestuario, el estudio de la figura, la traza, la medida o el corte, han formado parte de los quehaceres diarios de Andrés y su familia durante los últimos cincuenta años. "Primero tomo las medidas al cuerpo del cliente, después corto el traje a la medida adecuada. Una vez cortado trabajo las terminaciones de la prenda. Esta corrección es el último paso antes de finalizar la tarea.

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