José Luis Cano Rodríguez, intransferible

  • Sevilla, Málaga, Mallorca, Canarias o Inglaterra son algunos de los destinos que han marcado su vida. Tras dedicarse a la política, ha decidido descansar y formar parte de una logia masónica

Según la leyenda, quien recibe un Indalo de regalo, vuelve a Mojácar. José Luís Cano aceptó uno el día de su marcha y a los dos meses regresó para quedarse. Hablamos de los años heroicos, de cuando ni Pueblo Indalo estaba construido: "a principios del año ochenta y uno yo trabajaba para una empresa propietaria entonces del Hotel Moresco y Hotel Indalo. Me propusieron dirigir la zona y abandonar Canarias. Chiquillo, esto era un erial. La noche de mi llegada, me tomé un vino en el pueblo en el único bar abierto, el Rincón de Diego".

El niño José Luís Cano deja su Bollullos del Condado con tan sólo catorce años y tres de colegio. La canina era atroz. Se puso a servir de mayordomo en Sevilla, en una casa de abolengo: "en la del cardiólogo don Gabriel Sánchez de la Cuesta y Gutiérrez. Aprendí mucho allí, por aquella casa pasaba mucha aristocracia y se me pegó algo de buenas maneras. Pero, yo ansiaba ver mundo, descubrir cosas, y me fui a Mallorca donde estaban mis hermanas, a trabajar en la hostelería". Tres años con ensaimadas le fueron suficientes. Tenía en la cabeza islas más grandes, las Británicas.

Oh, my God, en Inglaterra se casa, tiene tres hijos y enviuda. Tras este flash-back, nos situamos de nuevo en el Rincón de Diego, donde se tomó el vino la noche de llegada en el viaje de reconocimiento de un lugar llamado Mojácar.

"Nada, me vine de Canarias para, al cabo de dos años, llegar a un acuerdo con la empresa. Querían trasladarme a Mallorca, tres hijos en edad escolar, parecían saltimbanquis, y no. La empresa siguió su camino y yo emprendí el mío".

Era la época del apartamentito en la playa, compra y venta de terrenos, el trasiego de los dineros y, José Luís Cano, en plena madurez según Platón, se embarca en el buque 'construcción y promoción' de varios millones de pesetas, entonces, de eslora. Una travesía esplendorosa hasta la llegada del huracán puñetera crisis finales ochentas principios noventas. Tal como ahora, pero más a lo bestia.

Para no desentonar, ingresó en la nómina de los tremendamente arruinados. Estaba el hombre haciendo una promoción en Puerto Rey, asociado en mala hora con un amigo. Al contrario de Astérix y Obélix, a José Luís Cano sí le cayó el cielo encima. Perdió dinero, perdió al amigo, y con el amigo perdió a la mujer. Se largaron juntos, los muy.

Como dice el dicho: a perro flaco todo se le vuelven pulgas. Cano, José Luís, hubo de dar a la perdida mujer una pila de millones, IVA incluido, en concepto de separación de bienes. "A Dios gracias, me pude quedar con mi casa y la pequeña oficina. A partir de ahí, a comenzar de nuevo".

En la variación está el gusto; así, el incombustible José Luís Cano, se dedica a la hostelería. El propietario del Club La Mata de Mojácar le arrenda el restaurante, él lo coloca casi en la guía Michelín, conoce a Julie -mujer de gran importancia en su vida- , alguien le propone un gran negocio: "me llama un conocido desde Ámsterdam: oye, José Luís, tenemos una mina en Rusia". Nace la primera exportación de frutas y verduras a la URSS: "busco proveedores y mando un camión de sandías a Kiev, el camión tardó quince días en llegar, te puedes imaginar". Después de cuarenta y dos camiones ya frigoríficos de sandías, no cobraron ni un duro. Por una vez, Cano, sólo perdió tiempo. "Como la cosa no tiraba, entonces me dediqué a la cosmética natural, la cosa no fue para tirar cohetes".

Con la estética de la sonrisa sin haber pasado por ninguna corporación al uso, José Luís Cano desgrana sus vivencias. A veces, casi todas, la risa es contagiosa. Cuenta la procesión en plan espectador. Únicamente toma seriedad en el episodio de la marcha de su Julie a Inglaterra, al país de nunca jamás volvió. Y eso deja huella de dolor.

Oh, my God, otra vez. Algo más de una década atrás, abrió un supermercado con éxito. Bien. Esto le anima a abrir otro en Nerja. No marcha como se pensaba y echa el cierre. En el entretanto, con objeto de aprovechar el tiempo, contrae su tercer matrimonio en esta ocasión con Marian. Ya en las postrimerías del pasado siglo: "unos insensatos idealistas, entre ellos Salvador Esparza, montamos un partido político independiente, Mojácar 2000. Yo era cabeza de lista, vamos, el candidato a la alcaldía. En esas fechas, mi mujer, Marian, enferma gravemente y he pasar dos semanas con ella en el Hospital de Baza.

Me llama Salvador para comunicarme la decisión tomada por el partido en mi ausencia: Salvador Esparza de uno y yo de dos. Mi cabeza no estaba para discutir, de acuerdo voy el segundo en la lista. Y sacamos dos concejales, éramos la bisagra: obtuvimos la Alcaldía, Turismo, Hacienda. O sea, bien".

Para entonces ya era masón, "me di de baja temporalmente en tanto me dediqué a la política. Me invitaron a ingresar en La Logia de la Unidad 98, Logia recién abierta en Mojácar, perteneciente a La Gran Logia Masónica de España. Y ahí estoy, sí, satisfecho, confraternizo con personas afines en ideología moral -en la masonería no se habla de política- y, contrariamente al pensar general, se es respetuoso con cualquier Jefe de Estado, cada uno es libre de creer en un dios, en un ser supremo. Hay masones budistas, protestantes, en fin, somos personas normales".

Aburrido de Mojácar 2000, es decir, de su ineficacia, dimite en el mes de diciembre del pasado año dos mil dos. "Cuando menos lo pensaba, chiquillo, en el dos mil tres, me piden encabezar la candidatura del PP a las municipales. En el Parador de Mojácar, José Luís Aguilar y Gonzalo Bermejo me ofrecen el número uno en la lista de Mojácar. Después, Rosa María Cano, maniobró en las honduras del Partido Popular de Almería, total, a última hora le dieron a ella la candidatura y a mi, de nuevo, el número dos. Obtuvimos cuatro concejales.

Luego, después, sucedió lo ya conocido. Ahora vivo un periodo sabático, me dedico a mi jardín particular, viviendo en definitiva". Desde afuera, los mirones estamos a la expectativa de cuál será su próxima aventura.

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