Lágrimas e impotencia llenan los últimos compases de un año de luto

  • Diversas instituciones, entre las que estaba la Diputación Provincial, apoyaron a los vecinos afectados por el derrumbe del barrio de El Realengo, en Cuevas

El pasado año de 2011 dejó fechas tatuadas de luto, días que no debieron existir porque arrebataron existencias de vidas humanas. Una de ellas, de tan sólo cinco años, un niño nacido en Cuevas del Almanzora fallecía en el Parque Acuático de Vera. El pequeño se hallaba bajo la tutela de la Junta de Andalucía y acogido en un centro concertado gestionado por la congregación religiosa de las Hijas de la Caridad, en Vera. Las primeras apreciaciones apuntaban a un corte de digestión como causa del ahogamiento; sin embargo, en el discurrir de los días se conocieron detalles que pusieron en cuestión las distintas responsabilidades de instituciones, cuidadores, tutores, que a día de hoy siguen sin esclarecerse o, al menos, son desconocidas. En todo caso, indicaban fuentes del Instituto de Medicina Legal, "habrá que conocer si fue ahogamiento seco o húmedo, la asfixia por inmersión es un asesino silencioso y rápido que sólo requiere segundos para ocurrir y típicamente ocurre cuando el niño se deja desatendido o durante un lapso breve en la supervisión de un adulto". Los especialistas consultados afirmaron que es frecuente que la víctima vomite mientras se le efectúa respiración artificial y/o compresiones torácicas, de ahí que la primera impresión pudiera ser el corte de digestión. De otro lado, los mismos especialistas ignoraban el porqué de la dilación en el tiempo del certificado forense.

Se abría así una nueva interrogación sobre este caso en el que Servicios Sociales de la Junta de Andalucía bajo cuya tutela se encontraba el niño, el Centro de acogida de las Hermanas de la Caridad de Vera en el que residía con sus otras dos hermanas, y el Parque Acuático de Vera en el que falleció, un triángulo parco en facilitar información, cuando no encerrado en absoluto mutismo. Decía la madre del niño que había recibido una llamada telefónica que le sugería "no mover el asunto, total no le vas a devolver la vida", mientras que por otra parte le ofrecían trabajo en un almacén.

Apenas repuestos de la tragedia, en San Juan de los Terreros, en la playa de la Serena, fallecía ahogado un joven inmigrante de Malí. El joven, de diecisiete años de edad, habría cumplido los dieciocho en el mes de agosto, estaba a punto de firmar el contrato de trabajo con una empresa de Macael que le había conseguido el Centro de Acogida para inmigrantes 'El Contador' de Chirivel donde se encontraba interno bajo la tutela de la Junta de Andalucía. Varios jóvenes del Centro de Acogida, trece según información recogida en su momento, se desplazaron a San Juan de los Terreros para pasar un día de playa.

Una noche del mes de julio cayeron estampas rojas de sangre gitana en Palomares. Se respiraba aire verde oscuro de García Lorca. Padre, madre e hijo se quedaron muertos debajo de la luz de una farola a la vuelta de la esquina de una calle de tierra, justo donde comienza el asfalto. Amalia, la hermana de la madre muerta sale de la vivienda sostenida por amigas y familiares. El dolor cansino apenas deja que camine. Amalia contaba sin nombrar el nombre de quién dio muerte a sus familiares "que mi sobrino discutió un día antes con este hombre, pero sin llegar a las manos. Ése hombre es un hombre racista, no puede ver a los gitanos, ni su padre, dicho por todos los de aquí, que son muy malos con los gitanos". Amalia toma aire mientras el corro de amigas y familiares intentan animarla...

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