Lucainena recupera los hornos mineros para hacer del turismo su forma de vida

  • Las obras de rehabilitación han costado 300.000 euros financiados entre Diputación, Ayuntamiento y Junta · Su apertura se suma a la Vía Verde permitiendo al visitante un recorrido con un siglo de historia

A principios del siglo XX, Lucainena de las Torres era uno de los pocos municipios junto con la capital que tenían luz eléctrica en sus casas. Todo ello producto de su incipiente crecimiento económico en torno a la minería. Un estatus que le permitió durante cuatro décadas gozar de unos privilegios en cuanto a infraestructuras y servicios sólo al alcance de localidades mucho mayores poblacionalmente hablando como Almería.

Hoy, un siglo y una década después, el Ayuntamiento ha decidido volver a apostar por las instalaciones mineras para, esta vez, utilizarlas dentro de su vertiente turística, una actividad que en los últimos años le está reportando un importante rédito económico a sus vecinos.

Si a principios de 2010 inauguraba la Vía Verde, trazado que discurre por las antiguas vías del tren que transportaba el hierro hasta el embarcadero de Agua Amarga, hace una semana hacía lo propio con la instalación donde se llevaba a cabo la extracción y depuración de tan preciado mineral: los hornos de calcinación.

"En 1898 se construyeron los dos primeros y cuando vieron que eran rentables construyeron los otros ocho, dos años más tarde", explica el dinamizador turístico de Lucainena, Diego Varón. Por aquella época costaron un millón de pesetas y los 36 kilómetros de vías de tren hasta la costa 3,6 millones. "Una cifra que demuestra el potencial que ostentó el municipio gracias a la inversión de empresarios del norte de España y Alemania", añade el edil de Turismo y Cultura, José Miguel Torrecillas.

La extracción del mineral se llevaba a cabo a través de un sistema de poleas y su transporte hasta los hornos se realizaba a través de carretillas. Allí se separaba la escoria del hierro para más tarde cargarlo en los vagones y transportarlo a Agua Amarga y de allí hasta Alemania, principal receptor del mineral.

La instalación, ubicada a un kilómetro del municipio, espera imponente e impertérrita al visitante y destila, ya desde lejos, un olor a vestigios del pasado. No en vano, la restauración de uno de los hornos se ha realizado con la piedra original que portó hace más de cien años, y los otros siete que aún siguen en pie han recibido un importante lavado de cara para evitar que terminen derrumbándose por el paso del tiempo.

Las obras de rehabilitación, que han durado seis meses, han contado con una inversión de 300.000 euros aportados por la Junta de Andalucía (60%), Diputación Provincial (10%) y el propio Ayuntamiento (30%) dentro del Plan Turístico Filabres-Alhamilla de la Mancomunidad de Municipios para el Desarrollo de los Pueblos del Interior.

"Nuestra única opción de sobrevivir es el turismo y con elementos como éste junto a la Vía Verde, un producto único en la provincia, contamos con razones suficientes para atraer a los turistas. Hace unos años no había siquiera bares y ahora tenemos hasta seis lugares para comer, casas rurales y un hotel", señala Torrecillas.

Una apuesta arriesgada que ha comenzado a dar sus frutos para este pueblo de 600 habitantes.

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