Mano de hierro en guante de seda

  • Loli Requena Romero lleva tres años compitiendo de forma profesional y ya ha conseguido 15 títulos · Los próximos días 12 y 13 de abril participa en el Campeonato de España de Kickboxing

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En sólo tres años lleva a sus espaldas 26 combates y 15 títulos conseguidos en las disciplinas de Kickboxing, K-1 Rules y Thaiboxing. Natural de Marchal (Granada), Loli Requena Romero entrena actualmente en Almería de lunes a sábado durante tres horas a la semana para lograr el cinturón de Campeona de España de Kickboxing, una velada que se celebrará durante los próximos 12 y 13 de abril en Madrid.

Su pasión por subir a un ring comenzó muy pronto. "Sólo era una niña y ya me gustaba el kickboxing. El problema era que en mi pueblo no existían los gimnasios ni los profesores adecuados para que desarrollase esta afición. Entonces viajé a Almería para comenzar la carrera de Ingeniería Técnica Agrícola y conocí a unos compañeros que me animaron a entrar en un gimnasio para entrenar con Miguel Verdegay, que fue mi primer preparador" dice, ante la atenta mirada de su manager Juan Antonio Villanueva Zapata.

Al principio se tomó el Kickboxing como un hobby. "No me imaginaba subida a un ring porque el mundo de la competición lo veía muy lejos. Sí es cierto que esperaba durante toda la semana a que llegasen los entrenamientos de los martes y los jueves".

Siempre ha sido una deportista nata. De hecho ha conseguido numerosas medallas de atletismo a nivel provincial y autonómico. Cuando dejó de su primer gimnasio se cruzó con Tomás Méndez, un mánager francés que ha entrenado a cuatro Campeones Mundiales. "Me dijo que era una chica muy buena pero que lamentablemente no veía un futuro claro. Es un mundo que desde un principio se le ha dado más primacía a los combates masculinos. Es más difícil demostrar lo que vales porque los logros aparecen, en ocasiones, empañados", admite Zapata.

Méndez decidió marcharse a entrenar a otra provincia y Zapata ocupó su puesto. "Me encontré con un entrenador que me valoró como persona y como deportista desde el principio. Siempre ha confiado en mis posibilidades", cuenta.

A los dos meses de entrenamiento Zapata la preguntó si quería pelear. Aunque en un principio pensó que era demasiado pronto, el 19 de noviembre de 2005 subió a un ring por primera vez en Écija. "Ella tenía más combates que yo. En el primer asalto estaba en una nube y no paraba de protegerme de sus golpes. En el segundo reaccioné pero acabé perdiendo el combate por puntos".

En realidad aquella velada significó mucho para mi, ya que experimenté por primera vez una sensación que creía que no me sucedería nunca: no me quería bajar de allí", recuerda, con gesto de satisfacción.

En el mes de febrero de 2006 se concentró por primera vez con la selección andaluza. Fue una concentración muy dura, ya que era la única chica del equipo. El caso es que no se presentó nadie y se clasificó matemáticamente para el Campeonato de España de Kick Boxing, en el año 2006. "La verdad es que estaba algo nerviosa, porque era la segunda vez que peleaba en mi vida e iba a ser en un campeonato de España. La contrincante me sacaba una cabeza y acabó ganándome el combate en el round extra. Para mi fue como una victoria", reconoce.

Loli volvió a Almería y cambió su entrenamiento. Zapata cuenta cómo fue aquella preparación. "Cambiamos el entrenamiento tanto en cantidad como en calidad. Hizo un trabajo más constante y específico", explica. Loli no sabía en aquellos momentos que, dos meses después, lograría la primera victoria de su carrera profesional. "Fue en Alaucín de la Torre, en Málaga. Me enfrenté a Jasmine Braulio y gané el combate por puntos. Ella era más técnica que yo, pero no tenía mi pegada. Al final conseguí quitarme aquella espina clavada".

Dicen que en ocasiones basta una victoria para que las demás vengan seguidas. Su siguiente reto fue ganar a una chica que había competido en 46 ocasiones. Fue un combate extraño desde antes de salir al ring, porque su púgil pidió a la organización que quería combatir sin protecciones. "A mi me dijeron que podía hacer lo que quisiera. De hecho subí al ring con ellas en la mano. Al observar que ella no se las ponía, las dejé en la esquina y salí a pelear".

A partir de entonces comenzó a ganar campeonatos y el seleccionador nacional la propuso ir al mundial. Aceptó y en el mes de mayo de 2007 se encontraba en Grecia para representar a su país. "Había gente de todos los lugares. En un principio los seleccionadores creían que no iba a ser capaz de enfrentarme a la primera contrincante. Era mucho más grande que yo. Al final la gané en el round extra. Guardo muy buenos recuerdos de aquella etapa porque, aunque perdí la final contra la anfitriona, obtuve el título del subcampeonato mundial de Kick", afirma.

Unos meses después se coronó como Campeona de Andalucía de Kikcboxing, Thai Boxing y K1 Rules; subía como la espuma.

No ha parado de lograr títulos desde entonces y eso se debe al entrenamiento al que se somete diariamente. "Entreno de lunes a sábado. Tres horas de técnica de Kick, carrera, natación y pesas. El próximo 12 de abril tengo el Campeonato de España en Madrid y hasta el mes de agosto de 2008 la agenda no se cierra".

Loli ha visto siempre el Kickboxing como un deporte. No es una persona violenta, en absoluto, para ella es algo más completo y noble de lo que mucha gente piensa. "Entreno para hacer deporte. No solo se trata de competir, sino de pasármelo bien. He hecho muchas amistades y la verdad es que el compañerismo es increíble. De hecho mantengo una gran amistad con muchas púgiles con las que me he enfrentado".

Tiene una manía antes de subir al cuadrilátero. "Tengo que ponerme primero las vendas y el guante de mi mano derecha. Si no, no peleo. En una ocasión me los pusieron mal y pedía al preparador que me las quitase y me las volviese a poner. Es sólo una costumbre, pero me siento más a gusto a la hora de subir a un ring", cuenta.

No resulta agradable subir a un cuadrilátero para pelear con un amigo; Loli lo sabe muy bien, aunque reacciona como una auténtica profesional. " No pienso en cómo hacerla daño. Salgo al ring para disfrutar. No caigo en la filosofía de pegarla más o menos; simplemente lo hago lo mejor posible. Cuando termina el combate, en la mayoría de los casos, siempre doy la enhorabuena, las digo que no se preocupen y que todo saldrá mejor en la próxima ocasión; siento mucho respeto por mis contrincantes porque, al fin y al cabo, también son mis compañeras", concluye.

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