Marinero con corazón de artesano

  • Abdelillah Ezzaaebi, tras pasar toda su vida en el mar, ha convertido, tras su jubilación, su pasión por los nudos marineros en artesanas piezas decorativas que venden en mercadillos de la localidad

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Afirma un proverbio estadounidense que Nunca sopla viento favorable para el marino que no sabe en qué puerto fondear, y éste refleja a la perfección la vida de Abdelillah Ezzaaebi. Aunque es de nacionalidad marroquí lleva años viviendo en la Comarca de Poniente.

Cuenta con 52 años de edad y hasta hace poco más de un lustro su vida giraba en torno al mar. "He pasado toda mi vida trabajando en la marina, pero desde hace seis años estoy jubilado por discapacidad permanente absoluta, y es que padezco un problema de nervios", afirma. Es un hombre inquieto, luchador y valiente. Durante su etapa en la marina aprendió ha configurar decenas de nudos marineros, porque no hay marinero que se precie que no haya utilizado la técnica cabullería, dedicada a realizar correctamente nudos, amarres, eslingas y empalmes. A él esto le apasionó desde siempre, y ahora, ha conseguido convertir esta pasión en artesanía auténtica.

Los nudos marineros decorativos o de fantasía, tienen un encanto especial, ya que en ellos se combina la utilidad con una especie de placer estético.

Muy pocos nudos son puramente decorativos. La mayor parte de ellos tienen aplicaciones prácticas y se basan en los conocidos nudos estándar o clásicos, pero todos ellos permiten la creatividad individual en la complejidad y precisión de su ejecución.

Es el caso de Abdelillah Ezzaaebi. Cada día se traslada de un punto a otro de la Comarca de Poniente para instalar su puesto, apenas unas maderas que sujetan un telar del que cuelgan decenas de objetos hechos a mano y con cuerda.

Llaveros, pulseras, "pelotas de tenis rodeadas de cuerda que sirven para jugar sin hacer daño", sostenía, nudos marineros como simple decoración. Un sinfín de objetos que se convierten en un reclamo cuando instala su puesto en cualquier mercadillo, como en el de El Ejido, donde ha relatado para Diario de Almería que "para mí no sólo es un hobbie o un dinerillo extra sino que es mucho mejor que cualquier medicina para mi enfermedad. Me relaja, me concentra y me anima".

Por eso y aunque siempre ha venido realizando este tipo de enseres decorativos "se los regalaba a mis amigos o familiares. Siempre han gustado mucho, pero desde hace unos tres años, y dado que mi pensión no nos da para llegar a fin de mes a mi mujer, mis dos hijos y a mi, comencé a venderlos". Los precios por estos objetos son casi irrisorios, si tenemos en cuenta la labor que su creación lleva detrás, así como los materiales utilizados. El precio mínimo de cualquiera de esto objetos es de 1 euro, pero el máximo es apenas de 2 euros. De hecho asegura que "hay días en que no gano nada, pero hay otros en que puedo ganar unos 30 euros. Pero no se trata tanto del dinero sino de cómo disfruto yo realizando estas piezas y la magnífica relación que tengo con los compañeros del mercadillo. Todos me conocen, respetan y aprecian lo que hago".

De hecho, junto a él se encontraba, visitándole, Eloy Rivas, al que se podría denominar su camarada, dado que según explicaba "yo ya de joven vendía objetos así cuando estaba en la mili. Tenía que ganarme un dinerillo y como allí aprendías de todo, incluso hacía manteles y mantones de Manila de seda".

Aunque gracias a su trabajo ha podido conocer múltiples puntos geográficos del mundo, asegura que "me encanta España, y sobre todo Andalucía, por eso intento crear diferentes llaveros con formas de escudos, o con los colores de ambas banderas", apostillaba. El manejo de la cuerda Abdelillah Ezzaaebi lo divide en dos aspectos: Por una lado, manipula las cuerdas para unirlas entre sí, o con otros elementos, bien sea metal, cerámica, cuero, cola blanca o piedras. "Todo lo que hago está compuesto por hilos quemados para poder hacer formas y dibujos diferentes", añadía. Es la práctica constante la que ha conseguido ejercitar la motricidad fina que poseen sus manos. En cuanto al tiempo de elaboración, es tal su motricidad con las manos que en hacer un llavero, compuesto por "una bola normal la hago en dos minutos, pero ha de ser de un solo color, en cambio como combino y por ello tengo que andar quemando hilos al unirlos y demás, para crear distintas formas, pues tardo unos minutos más". De ahí que si algo le distinga sea su creatividad. De hecho, mientras Diario de Almería realizaba este reportaje han sido múltiples las paradas que se han hecho durante la entrevista, mucha gente se acercaba a observar los objetos. Unos compraban y otros no, pero incluso un grupo de extranjeros ha llegado a fotografiar cada pieza del puesto. Cada persona tiene una pasión. "A unos les gusta salir por ahí, a otros leer o ir al cine, la música, pero mi pasión es esta. Hay días que incluso me quedo despierto creando algunos de los llaveros hasta las cuatro de la madrugada, aunque después me levante antes de las ocho", sostenía.

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