Multitudinario y emotivo entierro del cura Enrique Silva

  • El Obispo ofició el sepelio del que fuera durante 36 años párroco de la Iglesia del Rosario

La parroquia de Nuestra Señora del Rosario fue escenario hace unos días del emotivo funeral celebrado por el alma del padre Enrique Silva, el querido sacerdote roquetero que en su despedida llenó el templo de amigos, familiares y compañeros. Entre los asistentes el alcalde Gabriel Amat, junto a sus familiares, así como miembros de la corporación local, demostrando así su reconocimiento a la figura del párroco desaparecido recientemente tras padecer una dolencia propia de su edad.

La importancia de su impronta en la labor social y evangélica hizo que el Obispo Adolfo González Montes oficiara la misa, recordando su gran ministerio y el calado logrado entre los roqueteros, que respondieron masivamente con cariño y dolor a la última despedida del prócer. La primera autoridad religiosa almeriense aprovechó la ocasión para recordar que durante este año habían fallecido un total de cuatro sacerdotes siendo tan sólo dos los seminaristas existentes, por lo que pidió a los fieles una oración para invocar la llegada de nuevas vocaciones religiosas entre los jóvenes para que se animen a vestir los hábitos. La celebración contó con una interpretación del 'Ave María' de Gounod por la soprano de la Coral Ciudad de Roquetas, Mily.

Enrique Silva, toda una institución en la localidad, pasó la mayor parte de su vida religiosa en la parroquia del Rosario, donde se le dio el último adiós. Allí llegó en 1955, y allí permaneció hasta su jubilación en 1990, cuando se trasladó a labores de archivo en Almería, ayudando también en otras parroquias. En Roquetas pasó por lo tanto más de 36 años, lo que le permitió seguir en primera persona la transformación económica, cultural y social de su municipio. Falleció repentinamente de Alzheimer a los 83 años, cuando se pensaba que había logrado superar la fase más crítica de esta enfermedad. Tanta relación tuvo con el pueblo, que luego se convirtió en ciudad, que el ayuntamiento le nombró hijo adoptivo del municipio, al ser natural de la capital almeriense. Más de 40 sacerdotes participaron en las exequias, dando prueba del reconocimiento a su ingente labor y del cariño de todo el pueblo, que protagonizó con sus cánticos los oficios religiosos acompañando el duelo de quien fue ordenado sacerdote en 1951, llegando pocos años después a su querida parroquia.

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