Pandora es una mujer traviesa

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AY, pillín. Con los votos a buen recaudo es más fácil sincerarse. Claro que hay crisis económica, confesaron alternativamente Solbes y Zapatero una vez superada la criba del 9-M. El discurso de investidura es un buen momento para plantear soluciones, así que ahí va el paquete socialista contra el fuego. Somos dinámicos e ingeniosos. Nos sobran los recursos. Saldremos de ésta. El presidente sigue fiel a su línea paradisíaca, tanto más ridícula cuanto peor pintan las cosas.

Y encima se permite el enésimo guiño al nacionalismo -cómo aprietan las mayorías anémicas- con un peligroso caramelo: la publicación de las balanzas fiscales. Curioso tema sujeto a bastantes incertidumbres. Por ejemplo, el criterio para calcularlas, que no es único ni infalible ni tampoco ha de resaltar necesariamente las supuestas miserias comparativas de Cataluña. Algo tendrá que decir Madrid.

Además, lo que satisface a unos enfada a otros. CiU se frota las manos porque cree que por fin se descubrirá la Atlántida y cada región quedará retratada en el nuevo mapa. Ellos, estoicos trabajadores. Los de abajo, zánganos subsidiados. El PNV, en cambio, podría torcer el gesto cuando definitivamente se demuestre que el concierto económico es un privilegio historicista que ridiculiza su matonismo reivindicativo y machacón.

A Zapatero, de momento, plin. Lo primero es lo primero. Recobrar la Presidencia y prometer al tuntún para contentar a todos, PP incluido. Después, encomendarse a la improvisación creativa que tan bien domina y dar disgustos y alegrías en función de la conjunción de los astros. Parece que la lucha antiterrorista no repetirá como gran pesadilla del PSOE porque ha descartado el diálogo con ETA. Que no descuide el flanco territorial. Pandora jamás renuncia a hacer de las suyas.

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