Policías de toda Andalucía conocen los encantos de la noche levantina

  • El Ayuntamiento de Turre se volcó para que los asistentes a la recepción se lleven un buen recuerdo de la comarca. Acudieron aproximadamente 200 policías

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En la noche del viernes resultaba imposible no tropezar con un policía de paisano en el guaypoint del GPS indicador de Los Pastores, en lo alto de Sierra Cabrera según se sale de Turre. Entre Jefes y Directivos de Policías Locales de Andalucía habría cerca de 200, más sus respectivas señoras que, no nos engañemos, son las mandamases en la casa.

Los allí congregados eran los mismos que asistían al VIII Congreso de Jefes y Directivos de las Policías Locales de Andalucía sólo que sin los uniformes de gala, en plan mangas de camisa, lo cual que despistaba al principio porque hay que ver lo que viste un uniforme.

El Ayuntamiento de Turre se portó como lo que es, un Ayuntamiento legítimo. Para empezar, Pedro, Felipe y otros policías, se ocupaban discretamente de la seguridad de los asistentes.

Luís Santiago, del barrio alto de Turre, mostraba cómo se hacen escobas artesanalmente con hojas de palmera; una maravilla Un poco más allá, Pedro Antonio Hernández Santiago, igualmente de Turre y escultor autodidacta, cincelaba en piedra, a la vista de todos, un pez de tamaño algo más grande que un besugo.

Debajo de un gran sombrero de paja: Antonio Caparrós Soto, aguador. Al hombro un zurrón, en el cinto una honda y en la mano una garrota tipo 'pa quetacuerdes'. El hombre se paseaba entre la concurrencia con campechanía, saludando al paisanaje. José Miguel, el alma del Centro Guadalinfo de Turre, se hizo verbo en la megafonía preparada al efecto. Lo dijo en plan fino, pero el meollo de la cuestión era: ¡a cenar! La plaza quedó vacía, se formó la cola y, cada cuál, con su plato y sus cubiertos, avanzaba lentamente, hasta el selservis. Sabido es que en España una cola, como la antesala de una consulta médica, es púlpito de confidencias, intimidades y desconsuelos. Se le cuentan al de atrás, al de adelante, al de al lado y, gracias al efecto dominó, al último de la fila, que cuánta razón tenían en que unas veces a pie y otras andando.

José Miguel, el de Guadalinfo, se subió a la almena y anunció la actuación de alguien, tal era el bullicio de platos y conversaciones, que no se le entendió. Un toque de guitarra y una voz limpia se oyeron por ¿por qué? Nada, no se escuchaba nada, inútil estar al plato y a la tajada. Cuando los estómagos se apaciguaron, Francisco Fernández El Gorrión al toque, y Antonio Carmona 'El Palomar' al cante, se arrancaron que aquello daba gloria de oírlo. Una apoteosis de aplausos que merecidamente se habían ganado.

Las actuaciones se sucedieron con la precisión de un reloj japonés, en perfecta coordinación. Se abrió una de las puertas de la muralla y ¡cielos! Aisha, Laila y Shirin, con velos negros, verdes, y negros con estampados blancos, contorsionaban sus cuerpos al son de la Danza del Vientre, los brazos movían serpentinas de aire, los desnudos pies apenas rozaban el suelo de la plaza otra vez repleta de gente al reclamo de las dulzainas moras. Aisha se montó un candelabro de velas en la cabeza, ni una se apagó con el baile acompasado de las caderas, aunque, tal vez, se fundieran algunos plomos

El laúd se silenció con los sones brasileños. Era la traca final que había preparado el Ayuntamiento de Turre: el desfile de la comparsa Ilusión de Carnaval, primer premio de mayores en el Carnaval de Turre 2008. Fue una gran sorpresa que, como cuentan las crónicas, puso el broche de oro a una magnífica noche de convivencia con los Jefes y Directivos de las Policías Locales de Andalucía, precedida de la ceremonia de despedida al sol que se abrió paso entre las nubes, tatuando en la piel de los recuerdos una bella estampa de Turre.

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