Vidas que retratan El Puche

  • Paseos y bares llenos en horario laboral son un indicativo de las necesidades de los vecinos de El Puche. Las experiencias personales son las que dan a conocer la esencia del colectivo multicultural

Las experiencias más cercanas son las que dan a conocer la forma de vida en un barrio y el retrato de El Puche no queda ajeno a un clamor popular en busca de trabajo. El barrio nació para dar cabida a las personas más necesitadas y en la actualidad alberga uno de los principales centros multiculturales en la ciudad. Es esa mezcolanza la que impera en sus calles, también en días laborables y bien entrada la mañana, cuando el resto de la ciudad se encuentra en pleno horario laboral.

"No van a quitar el hambre a la gente si no es con trabajo", mantienen los vecinos, que critican que las administraciones realicen obras en el barrio sin contar con peones o albañiles en las futuras construcciones como las que se realizarán en la zona del Ingenio en las que estarán ubicados los futuros realojos que servirán para cambiar las condiciones de infravivienda que siguen soportando muchos de los vecinos.

Las dificultades que se plantean en el sector de la construcción hacen que muchos jóvenes lleven varios meses en paro, aunque también se plantean situaciones personales que obligan a no trabajar fuera de los límites de la vía del tren. Entre ellas se encuentra el analfabetismo, que impide que una persona de poco más de treinta años pueda sacarse el carnet de conducir.

El café de la mañana en el bar de siempre se convierte en el punto de encuentro que, con suerte, permite la llegada de algún contratista, ya no sólo para la construcción, sino que el conformismo, tras meses de desempleo les lleva a aceptar "cualquier cosa", como buenos buscavidas. Yesaires que llevan "tres años sin tocar el yeso" son sólo un ejemplo de una situación que sólo permite grandes sacrificios, pues en la mayoría de los casos son familias las que se encuentran detrás.

Pero son conscientes los residentes del barrio que "no estamos los que éramos de pequeños, estamos sólo cuatro gatos criados aquí", resaltan los vecinos, y las diferencias están, según explican, en la dejadez con la que tratan zonas comunes y también sus propias viviendas.

Reconocen la existencia de peleas de gallos, la mayoría han participado en ellas como diversión y "por prestigio", pero consideran que esa no es la imagen que quieren dar de un barrio, "en el que no hay parques para que jueguen los niños ni ningún jardín en condiciones para que los disfrutemos".

El Centro de Salud se convierte en otro de los puntos de encuentro de la barriada. "Todo lo que dicen del barrio es cierto, aquí hay mucha miseria", destacan los familiares de Mari Carmen del Pino, quienes además hacen referencia la continua presencia policial en la zona, "cacheando en busca de droga".

Su situación personal lleva a que visiten el asistente social con asiduidad, a la espera de que pueda con prontitud "tener algo de compañía porque mi madre vive sola", mantiene una de sus hijas, preocupada por el vecindario en el que se criaron.

Hasta nueve personas pueden vivir en una misma casa, según explican algunos vecinos. Cada uno paga 80 euros por cama, reconoce un magrebí del barrio, quien explica que "es mejor que una chabola". Pocos son los que reconocen vivir en esas condiciones y prefieren decir que viven "con la familia de mi hermano, porque a mí no me gusta compartir con gente que no conozco".

Es una práctica común entre los inmigrantes, según reconoce, que se ve forzada por las dificultades que tienen en la actualidad para mantener o buscar nuevos empleos.

La basura en los solares o en los pasillos interiores del barrio, la ausencia de arbolado que proteja del sol una vez que llega y la carencia en los servicios son las principales quejas vecinales, aunque otros también reconocen que son pocos los que respetan los jardines o las señales de tráfico, en muchos casos arrancadas, una de las principales bazas con las que cuentan las administraciones a la hora de realizar los proyectos de pedagogía del hábitat que se están poniendo en marcha.

Demandas históricas se agolpan en los límites del barrio y con asiduidad son trasladados hacia las administraciones competentes para que reciban solución. Los técnicos y responsables de la oficina que la Empresa Pública del Suelo de Andalucía tiene en la avenida Mare Nostrum son abordados por los afectados por las deficiencias, en muchas ocasiones dentro de sus casas.

Ese es el caso de Érica López, que enseña el cuarto en el que prácticamente ya no recuerda haber dormido, después de meses de tener que "apañarse con el sofá". Su abuelo es el primero en denunciar la situación que se vive en esta casa, totalmente reformada y que tiene afectadas varias paredes por humedades.

Los vecinos quieren ayuda, pero también el apoyo que les permita trabajar por sí solos para conseguir despegar como colectivo, como familia y como persona, un derecho a veces negado, pero del que se resisten a apartarse.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios