La Virgen de Gádor en Berja

  • Nueva sociedad y nuevos cultos. La imagen llegó a la villa a finales de los ochenta del siglo XVI, de la mano de unos ermitaños, que en 1589 se establecen en el despoblado de Pisnela

LAS corrientes geográficas humanistas propugnan ver el territorio con los ojos de sus ocupantes, y desde las perspectivas de las necesidades y capacidades, tanto materiales como espirituales de los mismos. Este hecho se puede retrotraer y remontar el tiempo, penetrando en el pasado para intuir lo que vivieron y pensaron los virgitanos respecto a la Virgen de Gádor.

La imagen llegó a la villa a finales de los ochenta del siglo XVI, de la mano de unos ermitaños, que en 1589 se establecen en el despoblado de Pisnela, al norte de Berja, en la falda de la Sierra de Gádor, reutilizando las ruinas de la vieja iglesia o parte de ella y las de algunas casas inmediatas, transformándola en precaria ermita. Los ermitaños transfirieron la imagen y ermita al pueblo, según escritura del 9 de diciembre de 1592.

A pesar de la difícil coyuntura socioeconómica pronto logra el mensaje devocional pretendido. En la sesión del 10 de agosto de 1620 en concejo, justicia y regimiento de Berja acuerda que el "licenciado Juan Oliver, beneficiado de la villa, traiga a costa de la cofradía de la ermita de Nuestra Señora de Gádor, las chirimías; con tanto que este concejo ha de dar tan solamente el gasto que hicieren en esta villa las dichas chirimías, que se entiende ser de comida y no otra cosa".

Pasado poco tiempo la ermita fue arruinada: "Respecto de la grande tempestad de furiosos vientos, que sucedió en esta villa y su comarca el viernes veinte y nueve días del mes de diciembre de mil seiscientos e veinte e tres años; sucedió muy grande ruina, daño y estrago en los árboles de moreras y morales, olivos y otros árboles que derribó al suelo en esta villa y su término, que los vecinos de ella quedan muy destruidos, y sus haciendas han venido a mucha quiebra y disminución" (Archivo Municipal de Berja. Libro del Cabildo de la villa 1599-1627, fo1. 279v-280v).

De nuevo la ermita de la Virgen de Gádor se encuentra ante una difícil coyuntura, sin embargo los templos donde se albergan las imágenes de más devoción, devienen en "santuarios" permanentes y con ese carácter modifican los organigramas preexistentes, logrando las genuinas notas barrocas que todo el complejo entramado devocional proporciona. La reconstrucción no se hace esperar, aunque sujeta a los vaivenes de la situación socioeconómica e incluso a los del beneficiado Juan Oliver oscilante entre lo espiritual y lo temporal. En el cabildo del 30 de enero de 1627 se acuerda que éste vaya a la ciudad de Granada con salario de 500 maravedís diarios "por la costa de su persona y criado que ha de tener", con objeto de ocuparse y tratar sobre la reclamación por parte de la Real Hacienda de los atrasos de tercias y alcabalas, los cuales están saldados según el concejo. "Atento a que no hay de donde se saque dinero para estos pleitos", se recurre a los 400 reales, en poder del mayordomo y procedentes del arrendamiento de las "hierbas de la huerta", destinados a las obras de construcción de la ermita de Nuestra Señora de Gádor, reintegrándose posteriormente en el caudal de propios que los aplicará y ésta finalidad.

El 18 de febrero de 1627 el concejo acuerda entregar al beneficiado Juan Oliver los 400 reales asignados a la construcción de la ermita de la Virgen de Gádor, "para que los gaste en la fábrica y obra de la dicha y lo haga en la nueva que luego se ha de comenzar a hacer, sin que pague deuda alguna que se debe de la dicha obra, los gaste con buena orden, cuenta y razón y la dé cada que se le pida cierta y verdadera; y a ello se obligue y dé fianzas y a que la partida que no fuere justa ni bien gastada, y no le fuere recibida en cuenta, la pagará". Los acontecimientos se precipitan por días y nuestro beneficiado no ha cesado en su protagonismo, el 12 de marzo, cuando "Francisco López Cabezas y Pedro de Valdivia traen muy inquieta esta villa con los pleitos que le han movido y cada día le mueven en venganza de las contradicciones que hace esta villa para que no entren en ella mitad de oficios por el estado de hijosdalgo", el concejo acuerda dar poder al beneficiado Juan Oliver para hacer, con los letrados necesarios, las contradicciones encaminadas a evitar el restablecimiento de la "mitad de oficios". El beneficiado se reafirma en su postura e incluso prestará al concejo los 400 reales, destinados a la realización de obras en la ermita de la Virgen de Gádor, para seguir en Granada la "contradicción de mitad de oficios".

El 18 de marzo de 1627 cuando se ve el inminente final de la resistencia frente al restablecimiento de la "mitad de oficios", el concejo, justicia y regimiento de Berja acuerda: "atento a que se tomaron prestados del licenciado Juan Oliver, beneficiado de esta villa, cuatrocientos reales, que son los que los vecinos mandaron para la fábrica y obra de Nuestra Señora de Gádor, que los prestó para que fuese a Granada el dicho Juan Pardo a la contradicción de la mitad de oficios; así para que se le paguen y vuelvan al dicho licenciado Oliver, mandaron se le haga libranza en el dicho Juan Sánchez, mayordomo, por cuenta de los libretes que cobra Damián Bravo de los vecinos, para los repartimientos hechos entre los vecinos".

A pesar de la difícil situación económica, social y política por la que atravesaba la villa las obras de reconstrucción de la ermita, que habían comenzado relativamente pronto, probablemente terminaron a mediados del siglo XVII. De nuevo los riesgos naturales, representados en esta ocasión por los terremotos irrumpen con fuerza: el terremoto de 1804 destruye la mayor parte de la ermita barroca de la que sólo queda en pie el camarín, retablo e imagen de la Virgen de Gádor. La reconstrucción debió finalizar hacia 1818, cuando la excepcional riqueza minera de la Sierra de Gádor va siendo cada vez más una realidad.

En el Barroco escultura, pintura y artes suntuarias se combinan con el objetivo de hacer más visible una escenografía al servicio de la religión, pretendiendo un adoctrinamiento más eficaz, recurriendo al lenguaje emocional para impresionar a los fieles.

Frente al esplendor ornamental de muchas ermitas andaluzas la de la Virgen de Gádor es más estructural, y los valores arquitectónicos predominan frente a la decoración superpuesta. La arquitectura, con la limpidez de manufactura, a pesar de su sentido práctico y realidad material, adquiere significaciones que la elevan a categoría de símbolo para el virgitano. Hecho acrecentado por el poder de focalización y atracción de Nuestra Señora la Virgen de Gádor, y a que independientemente de su mayor o menor suntuosidad, la importancia del santuario corre pareja a la jerarquía devocional de la imagen venerada.

Ilustraciones

J.1.1 - Berja, Ermita de la Virgen de Gádor (Dibujo de Juan G. Fernández Ruiz)

J.1.2 - Berja, casa tradicional (Dibujo de Juan G. Fernández Ruiz)

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