Zurgena de Fuenteovejuna

  • La localidad del Almanzora ha cerrado filas en torno a los seis detenido por presunta corrupción urbanística · Muchos de ellos opinan que su alcalde no ha hecho nada por él, pero sí por el pueblo

Al salir de la autovía del Mediterráneo, ya en la carretera que conduce a Zurgena, se percibe el efecto de la gran calma tras la tormenta. El paisaje es perezoso, cuesta dejar atrás tanto ir y venir de acontecimientos trascendentes.

Una treintena de moteros circula por el silencio de Zurgena. A estas horas de la mañana de un sábado las cafeteras de los bares abiertos están frías, pocos cafés se han servido todavía. El sol, con esto del adelantamiento horario, engaña. Desde la ventana, la mujer que airea una alfombra mira al forastero con desgana.

En la radio se oye la entrevista al profesor Manuel Jiménez de Parga, coincidencia inesperada. Naturalmente, habla de asuntos judiciales con sabiduría y gracejo. En un momento de la entrevista radiada, el profesor Jiménez de Parga viene a decir que ya no existe la audiencia pública a la que asistían cuatro, cinco, veinte personas, porque, gracias o por desgracia de los Medios de Comunicación, las audiencias de un juicio son universales, y añade, más o menos, que los jueces deben tener en cuenta no solamente la legislación, sino además las circunstancias sociales y políticas que envuelven a cualquier acto de la Justicia.

La atenta escucha de la obra, vida y algunos milagros del que fuese Presidente del Tribunal Constitucional, hace más llevadero el paso del tiempo. Lentamente las calles zurgeneras comienzan a ser transitadas. A un lado, el que lleva a las dependencias donde ahora está ubicado el Ayuntamiento, tres personas mantienen animada charla. Dos de ellas, matrimonio de toda la vida como luego se sabrá, están apoyadas en la valla que separa su vivienda de la acera y en ella, en la acera, un hombre vestido de azul con sombrero de paja.

Amablemente responden a los buenos días. "Usted viene a alguna gestión", tercia el hombre. "Ah, periodista. Entonces viene a los de las casas, ¿no? Verá usted, yo no digo nada porque como esto aún está bajo secreto de sumario, pues no me parece bien andar hablando de estas cosas. Lo que si le digo es que esto nos afecta a usted, a mí, a todos. Este crecimiento desordenado no es bueno para nadie y pagaremos las consecuencias".

Su mujer, señora de buena habla como el marido, interviene: "este hombre no ha venido para esto, ha venido para hablar de los que han estado detenidos. Y yo le digo lo que mi marido, que no puedo opinar hasta que no sepa todo de todo y que hay que esperar a que la justicia diga lo que tenga que decir".

Son opiniones respetables y, sin embargo, anónimas. Solicitan y así se acata, que se guarde la confidencialidad de sus nombres y nada de fotografías. Tras la despedida y tomada buena nota de lo oído como toque de contraste, es el momento de poner camino a la Alfoquía, barriada o pedanía de Zurgena donde reside el alcalde recién puesto en libertad, y en la que hay un bar, cerrado hace tiempo, con el nombre de Hermanos Trabalón. Al caminar por las calles con la oreja puesta, se sabe que se está en La Alfoquía porque lo pone el cartel de la carretera. Todo parecido con Fuenteovejuna es pura realidad. En cualquier comentario y en cualquier lugar, no se oye una palabra contra el alcalde Cándido Trabalón, todo lo contrario. El estado de ánimo percibido entre la población podría resumirse en que cuánto le ha acontecido al alcalde y a su concejal Manuel Tijeras, es un ataque a ellos, a Zurgena y a los zurgeneros.

En los bares, caso de Los Mellizos o La Fragua, a los parroquianos no se les pasa por la imaginación poner en duda la honradez de su alcalde y de los que, junto con el, han pasado dos días en los calabozos de la Comandancia de la Guardia Civil de Almería.

El agravio comparativo es el argumento que manejan los vecinos y ciudadanos: "¿Qué pasa con otros pueblos, es que no tenemos los mismos derechos? A esos pueblos no van los Geos. En la cárcel tendrían que estar los que han hecho esto de meter en la cárcel a gente honrada. Pues anda que el alcalde de tal pueblo y de tal otro y de tal otro, esos sí que tienen motivos para denunciarlos.

El paseo por el pueblo en compañía del empresario Antonio López es interrumpido a cada poco. Unos le paran para darle un abrazo, otros le dan la enhorabuena, desde los coches le saludan de viva voz y con el claxon, en los bares es saludado a gritos desde detrás de las barras.

La insistencia en encontrar opiniones discrepantes ha sido infructuosa. Haberlas, las habrá sin duda. Una de dos: o no se quieren manifestar públicamente, o no se ha sabido buscar a pesar de lo buscado. Por poner, no se han encontrado a los concejales del PSOE, tal vez porque era sábado, tal vez porque era la hora de la comida, tal vez.

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