El arte de manejar el tiempo

  • Luis García García trabaja como relojero en un pequeño negocio situado en la calle Obispo Orberá. Sus hijos continuan la tradición en la tienda Esfera II

En muy pocos oficios se tiene la capacidad de poder manejar el tiempo, aunque sea de forma ilusoria. En la antigüedad sólo llevaban reloj las mujeres y fue durante la Primera Guerra Mundial cuando los hombres comenzaron a llevarlos en las trincheras. Por aquel entonces existía una demanda menor. No ocurre lo mismo hoy, que se fabrican relojes para todas las edades.

Los relojeros de ahora no dan a basto. Luis García García es uno de ellos y trabaja en este oficio desde que tenía catorce años. Hoy disfruta de su oficio en una pequeña tienda situada en plenocentro de Almería, concretamente en el número 22 de la calle Obispo Orberá. Un trabajo que, como asegura, se basa en la paciencia, el buen pulso, la eficacia y la exactitud. No es fácil tratar con estas joyas. Cada minuto entra un cliente con una nueva pieza que arreglar. "Empecé en el gremio cuando sólo tenía 14 años y ahora tengo 64. Era un aprendiz y ayudaba a mi jefe limpiando la plata, el oro y los cristales. Un año después comencé a ganar un sueldo en un taller de relojeros", cuenta.

Lo primero que debía hacer era conocer las piezas y los circuidos eléctricos más sencillos. "Arreglaba despertadores y aparatos que disponen de una maquinaria más simple. Uno no puede lanzarse a arreglar relojes sin haber tenido antes cinco o seis años de experiencia", admite, mientras observa cómo trabaja Manuel Contreras Sánchez, un empleado sordomudo con el que se comunica a través del lenguaje de signos.

Su vida dio un giro de 180 grados cuando en el año 1972 fundó su primera tienda en la calle Obispo Orberá. Desde entonces decenas de personas se aproximan diariamente para recobrar la vida de unas manecillas que se han visto deterioradas por el paso de los años. "Las herramientas que empleamos son las pinzas, la lupa y los destornilladores para controlar el cuarzo. Cada día vienen numerosos clientes con piezas que abarcan desde lo más antigüo hasta lo más modernos; trabajamos con todo tipo de marcas".

El negocio ha ido bien, porque siempre ha habido relojes que arreglar. Prueba de ello es que ha montado otra relojería en la avenida de la estación, donde actualmente trabajan sus dos hijos; Luis y Manuel. "Aprendieron bien el oficio y actualmente llevan la tienda Esfera II; es una forma de continuar la tradición familiar", cuenta, mientras devuelve a un cliente un pedido de cambio de pila.

El oro, la plata o el titanio son algunos de los materiales con los que se enfrenta este relojero diariamente. "Es un trabajo muy delicado y, como en la mayoría de los oficios, el público pide perfección y exactitud. Antes la gente llevaba más el oro, pero parece que ahora la plata es la que tiene la sartén por el mango; sobretodo para los jóvenes, que vienen diariamente a pedir que les arregle sus anillos, colgantes, relojes o pulseras. El oro lo lleva más la gente mayor. Aunque no se puede pluralizar, porque para gustos los colores y también depende de la época", reconoce.

Aunque han transcurrido muchos años desde que arregló su primer reloj, Luis mantiene la misma ilusión y sentido del humor. Lo saben muy bien sus clientes. "Nunca he tenido ningún problema en esta relojería, siempre he estado muy bien atendida y han arreglado todo lo que le he pedido", dijo uno de ellos, que había acudido durante la mañana de ayer para que le arreglasen uno de sus relojes preferidos.

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