Una mano biónica de última tecnología para disfrutar una vida sin limitaciones

  • Ginés Grima es el primer andaluz que cuenta con esta prótesis pionera Hace casi cualquier gesto con solo tocar un botón de un dispositivo con bluetooth

Coger un vaso de plástico, atarse los cordones de los zapatos o abotonarse una camisa son actividades cotidianas que no suponen ningún esfuerzo. Pero, ¿qué sucedería si le faltase una mano? Lo más sencillo puede convertirse en todo un desafío.

Con estos retos se encuentran a diario las personas que han sufrido alguna amputación. Es el caso, por ejemplo, de Ginés Grima. Hace diez años perdió su mano derecha por culpa de una electrocución. Tuvo que aprender de cero a hacer muchas cosas, entre ellas, escribir con la zurda. Sin embargo, desde hace unos meses, cuenta con una prótesis biónica de última generación que le ha cambiado la vida. "He llevado otras manos ortopédicas, pero esta es la más funcional de todas", relata. Con ella puede realizar todo tipo de gestos. No se limita a hacer la función de pinza, para agarrar objetos, sino que tiene un enorme surtido de gestos específicos: manejar el ratón de un ordenador, agarrar el volante de un coche o sujetar un teléfono móvil, por ejemplo.

Es la primera persona en Andalucía que usa una mano de estas características. "No sé si en España habrá alguien más", afirma Ginés. La prótesis, fabricada por la empresa escocesa Touch Bionics, cuesta unos 70.000 euros. Su tecnología es pionera, siendo la primera y única prótesis de miembro superior que permite al usuario el cambio de los patrones de agarre con un simple gesto.

Matilde Góngora, directora provincial en Almería de la mutua Fraternidad Muprespa, asegura que "desde el primer momento que Ginés nos habló de la existencia de la mano y nos dijo que le gustaría tenerla hicimos todo lo posible para que fuera así". Y es que, como reconoce, "el caso de Ginés es especial, ha demostrado desde el primer día su afán de superación".

Para poder tener esta nueva mano, Ginés ha tenido que realizar muchos viajes a Sevilla, a la ortopedia, para hacerle un encaje a medida e ir aprendiendo a usar su nueva extremidad. A través de varios sensores, los motores que mueven cada uno de los dedos se mueven al recibir las diferentes órdenes que el cerebro de Ginés envía. "La empresa fabricante de la mano me llamó hace unos años para ir a una muestra a Madrid y probar varios modelos para que la gente viera su uso, porque se sorprendieron de la facilidad con la que aprendía a manejar cada prótesis", afirma.

Gracias a esta nueva extremidad, la vida de Ginés Grima ahora es mucho más cómoda. Sin embargo, desde que en 2006 tuviera el accidente laboral por el que sufrió la amputación, él no ha gastado un instante en lamentarse. "Hago una vida normal, lo hago todo, pero con límites. En vez de tardar un segundo en ponerme un botón, tardo dos, pero lo hago", afirma. Tanto es así que al año de tener el accidente pidió el alta voluntaria y volvió a su trabajo, en una empresa hortofrutícola del Levante almeriense. "Antes era encargado de personal, ahora tengo un cargo más elevado", reconoce, mientras que se desplaza por las fincas de árboles frutales en un quad sin difultad alguna.

Y el trabajo, precisamente, es una de las razones primordiales por las que ha optado por cambiar su "pinza" antigua por la nueva mano. "Busco funcionalidad, no estética". Ya por eso en su día, tras unos meses tan solo con su primera prótesis decidió cambiar a la "pinza", ya que le permitía hacer muchas más actividades en su trabajo y en el día a día.

El nuevo modelo tiene un catálogo enorme de movimientos que se pueden ajustar tan solo tocando un botón en una aplicación de un iPod conectado por bluetooth a la mano. "Si lo configuro así podría darle a un botón y que la mano haga el gesto de los cuernos, por ejemplo, para un concierto de rock", bromea Ginés.

Por su experiencia personal, Ginés Grima sabe que los primeros momentos tras la amputación son los más difíciles. "Me vi sin el brazo y a mi familia llorando, pero lo hacían porque me veían mal a mí. En ese momento entendí que no podía estar así, y busqué soluciones", dice recordando esos primeros instantes. Por ello, considera primordial el asesoramiento en esos días: "Si alguien amputado hubiera venido a explicarme las diferentes opciones que hay, habría sido de gran ayuda. Por eso yo voy donde haga falta para explicarle a una persona que esté pasando por lo que yo pasé todo lo que puede hacer".

Diez años después del accidente que cambió su vida, ahora le toca aprender a sacarle todo el partido a su nueva extremidad, mucho más compleja y funcional que las que ha llevado hasta la fecha. Pero con su optimismo y su vitalidad, no hay nada que se le resista. "He tenido mucho apoyo de la mutua y de mi familia. Mis hijos me admiran y eso es un orgullo enorme", admite, este trabajador incansable que ha conseguido que una discapacidad no merme su calidad de vida. Un ejemplo de superación que puede servir de ayuda a otros muchos discapacitados.

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