El contrabandista del Trebolar

LA línea divisoria marcada por el DRAE en su definición de contrabando y bandolerismo, es fácil traspasar en un sentido u otro. A la ceremonia de confusión de ambos protagonismos delictivos viene se suman la figura del guerrillero enfrentado al "gabacho" durante la invasión francesa; los modernos estraperlistas de posguerra o los traficantes de armas, drogas y mujeres actuales. En cualquier caso, todos ellos fuera de la Ley, aunque amparados por la población civil según el momento y circunstancias. La primera edición del Espasa destacaba dos tipos de contrabando: el que recaía sobre productos estancados (sometidos al monopolio del Estado o cuya venta l público se concedía anualmente a personas físicas o sociedades previo pago de un determinado arancel); y de segundo grado, referido a los efectos de comercio cuya importación o exportación estaban prohibidos en todo o parte del territorio nacional.

Hasta que en el primer tercio del XIX no se descubren los ricos yacimientos plomíferos de Sierra Almagrera, con el filón Jaroso como máximo exponente, la economía provincial tiene en el tráfico ilegal con Gibraltar, un considerable soporte económico. Décadas en las que sonoros apellidos burgueses amasaron fortunas, empleadas, y "blanqueadas", posteriormente en el pujante sector minero y exportación de uva. Las autoridades británicas del Peñón lo habían convertido en una especie de "lanzadera" comercial hacia los países ribereños mediterráneos, con España de primer cliente. Ello llevó a la industria catalana textil a quejarse en 1837 ante Mª Cristina de Borbón, Regente hasta la mayoría de edad de la reina Isabel II: "La Comisión de Fábricas de tejidos y estampados de algodón de Cataluña ha hecho presente a S.M. la paralización que aquellas experimentan por causa del excesivo contrabando que cada día crece y amenaza la total destrucción de provincias tan laboriosas… ". Lo que no decían es que sus prendas de vestir eran considerablemente más caras que las gibraltareñas, importadas a su vez de Inglaterra. Naturalmente, la Hacienda Real sufría con ello un serio quebranto en su política recaudatoria y amenazaba continuamente con subidas de los impuestos generales para equilibrar su balanza. (Los interesados en el tema pueden acceder a publicaciones del profesor Andrés Sánchez Picón).

Dos de los ilustres viajeros que nos visitaron, Richard Ford (1833) y Charles Didier (1836) dejaron escritas reflexiones de esta guisa:

… Almería es capital de la provincia y residencia de autoridades menores que se enriquecen fomentando el contrabando de Gibraltar…

… La prudencia, si no el temor, estaban permitidos. Poco tiempo antes, siete guarda-costas habían sido asaltados por completo por una veintena de contrabandistas, lean diez para no exagerar nada. La aventura de la víspera se podía repetir al día siguiente, pues aquí el contrabando no es un hecho aislado, sino permanente de cada día… (Didier iba escoltado, precautoriamente, por dos carabineros a su paso por el Cañarete).

La Carrasquilla

Toda la mitad del siglo XIX estuvo jalonada de frustrados o consumados alijos de tejidos y tabaco (la pólvora y la Taha de Marchena son capitulo aparte). Algunos tan espectaculares que llegan a sumar más de quinientos contrabandistas, sumándole acarreadores y arrieros con sus respectivas caballerías. La cortijada de La Carrasquilla fue escenario de una de las acciones más espectaculares, reseñada en el Espasa y recogida por el BOPA. A finales de agosto de 1839 dos buques armados con piezas de artillería (pedreros) desembarcaron un colosal alijo cerca del castillo roquetero de Los Bajos. En la playa le esperaban más de 600 hombres al mando de Antonio Montaña "Cuchichí" (así apodaban en el Poniente a los gitanos con sangre paya, caso del guitarrista Richoly). A hacerles frente salieron la Milicia Nacional, Resguardo de Consumos y Carabineros (cuerpo militar dependiente del Ministerio de Hacienda) al mando del Intendente García Hidalgo. Cinco horas de combate en el citado paraje próximo a Eníx se saldaron con varias muertes por ambos bandos y la aprehensión de los fardos de algodón.

De la sierra a la costa

Decenas de historias truculentas sobre contrabandistas, bandoleros y proscritos, recorrieron secularmente el espinazo ibérico. El madrileño Luis Candelas, el malagueño Bizco de Borges o famosos nombres del Reino de Sevilla (Diego Corriente, El Tempranillo, Vivillo, Pernales, Los Niños de Écija…) dieron tinte a España de montaraz y peligrosa. De acusados perfiles costumbristas y de personajes y situaciones descritas en crónicas y grabados por literatos europeos ávidos de emociones fuertes. La tópica estampa cañí de cigarreras, caballistas, toreros, majos, chulos y flamencos. El cancionero popular, reflejo de una sociedad real y cercana, los llevó a sus coplas y el teatro a sus sainetes. De tal vademécum de aventureros los almerienses tenemos un nombre propio del que "presumir".

Entre romántico y acosado por la Justicia, el abderitano José Ribera Figueroa adquirió fama de valiente y temerario. Contrabandista en la costa, bandolero en la sierra. Temido y admirado. Nos dice Pascual Madoz (1845) en su diccionario Geográfico que "el caserío o cortijada de Trebolar, a 2 ½ leguas de Adra, comprende una extensión de terreno de 1 1/2 de largo y 1 de ancho, está poblado de viñas, almendros e higueras; con 375 vecinos y una ermita moderna dedicada a Santa Lucía". José Luis Ruz ("Adra, siglo XIX"), a quien debemos la información sobre Ribera y otros antecedentes locales, los traduce por 1.300 habitantes.

Nuestro personaje creció con el siglo y antes de alcanzar la madurez ya capitaneaba en la sierra una partida de hombres dedicados al alijo y matute de mercancías prohibidas. Comprometido con el liberalismo y contrario al absolutismo de Fernando VII, en 1827 fue hecho prisionero en el castillo de Adra, del que logró evadirse y conseguir el indulto real. Sin embargo, acusado del asesinato de un sargento de Voluntarios Realistas y perseguido por Escopeteros de Andalucía, se echa definitivamente al monte e intensifica su carrera "comercial" y política con Gibraltar, relacionándose con el entorno del general liberal Torrijos. En todo momento recibe el amparo de las gentes del Trebolar, "nadie se atreve a presentarse en tela de juicio ni a dar la cara contra sus muchos protectores en esta villa y en otros muchos pueblos convecinos". Entre sus confidentes cuenta con José y Pedro Maldonado, con cuya hermana Ribera tiene un hijo. En marzo de 1837 tres hombres escapan del presidio de Adra, pero apresados en el cortijo del Gallo son abatidos por la Milicia Nacional al intentar nuevamente huir en la rambla de Guarea, término de Albuñol. Se trataba del "Merendero", natural de Fondón, y de Antonio y Valeriano Ribera, posiblemente padre y hermano de José y continuadores de su partida de malhechores. Según Ruz, del legendario abderitano no se tiene noticia a partir de 1836. Pero su memoria quedó en el acervo popular gracias a una coplilla: "Que penita, / que dolor, / han matao a José Ribera / el mejor contrabandista / que del Trebolar salió".

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