"El daño que se le ha hecho a los niños no se paga absolutamente con nada"

Ana, la hermana del alcalde, intenta sonreír. A su lado, su marido la anima como puede. Prueba a hablar con Cándido por teléfono, nada, no hay respuesta. "Si tenía que estar en la casa. Si el pequeño no ha querido ir a Chirivel, al fútbol, por no dejar solo a su padre".

La insistencia es vana, Cándido no tiene el teléfono operativo. "Lo hemos pasado muy mal, no se lo deseo a nadie. Que lleguen y no le dejen llevar los niños al colegio, que los niños estaban en el coche y lo vieron todo. Mi hija los llevó a la escuela. Es que no tuvieron alma".

Unos vecinos se acercan, cruzan palabras de ánimo y agradecimiento: "gracias de verdad, muchas gracias, ¿pues como va a estar? echo polvo y la Lola que ni te cuento, que la pobre vaya como lo está pasando".

"¿Usted se imagina? Pero porqué se llevaron su ordenador si no lo utilizaba, lo utilizaban los hijos para jugar". Ana busca una explicación que, de momento, no encuentra. "¿Sabe usted que los niños me preguntan: Tita nos van a quitar el coche? Tita, ¿nos van a quitar la casa? Tita, ¿no podemos ir al colegio? Tita, que si a papá se lo han llevado, se lo van a llevar todo". Ana se toma un tiempo para ordenar los pensamientos que le fluyen en la cabeza. Estará viviendo la película de los últimos días pasados. Con la mirada fija, Ana suelta un latigazo: "El daño a los niños no se paga con nada".

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