El encaje de bolillos, tradición que cada vez cuenta con más adeptos

  • Actualmente, se pueden encontrar entre los aficionados, además de mujeres, a niños, jóvenes y hombres. La técnica no es compleja, pero es necesaria mucha paciencia

Una labor tramada, encajada entre dos telas. El encaje de bolillos tiene sus raíces en pleno siglo XVI durante la época de apogeo del bordado. Y aún hoy, tantos siglos después, los requisitos imprescindibles para fabricar auténticas piezas únicas de arte son una detallada atención, extraordinaria paciencia, finos movimientos, pero con rapidez y seguridad.

Cuando pensamos en el encaje de bolillos a todos nos viene a la mente un corro de mujeres mayores, que pasaban las tardes entre cantes y café, pero sin despegar la vista de los bolillos. Pero lo cierto es que, aunque esta tradición ha permanecido años en el olvido, cada vez cuenta con más aficionados. Atrás quedaron los años en que sólo las mujeres se dedicaban a esta labor, bien por afición o por "ganarse la vida". Hoy en día, entre los aficionados al encaje de bolillo podemos encontrar tanto mujeres como niños, adolescentes e incluso hombres dispuestos a armarse de paciencia para elaborar encajes de todo tipo. Aunque el encaje se ha convertido más en un hobby, las encajeras todavía enseñan su arte y venden sus creaciones, aunque su clientela ya no es la misma de la nobleza más rica del siglo XVI y ha pasado al turista curioso y a los amantes de estas piezas de gran valor artesanal. Muchas de estas creaciones se venden en los distintos encuentros de encajeras de bollo que se desarrollan a lo largo del año en distintos puntos de la geografía española, y sobre todo en Almería.

En la provincia esta tradición está muy arraigada. "Existen muchas asociaciones de encajeras de bolillo. Yo diría que una en cada municipio", afirmaba la presidenta de la asociación de Encajeras de Bolillo de Vícar, Josefa López. De hecho, tal y como apostilla "yo imparto clases de bolillos a muchas mujeres en distintos puntos de la Comarca de Poniente como La Mojonera, Roquetas y Vícar, y cada año tengo más alumnas y de todas las edades". Josefa López relata que incluso "una de mis alumnas tiene más de 80 años y es muy laboriosa".

El encaje de bolillo se puede realizar con hilos finos o gruesos. Tradicionalmente se hacía con seda, lana y posteriormente con algodón. También con hilos de metales preciosos, y hoy en día también se realiza con una gran variedad de fibras sintéticas, con alambres u otros filamentos. El encaje de bolillos es un tejido que se fabrica sobre un patrón, generalmente de cartón, que va sujeto a una almohadilla. Sobre este dibujo o patrón, los hilos, enrollados en palitos torneados, lo que se conoce como bolillos, que van tejiendo lo que indica el dibujo. Las diferentes vueltas y entrecruzamientos de estos hilos se sujetan por medio de agujas o alfileres que se clavan en la almohadilla y coinciden con los agujeros del "picao".

Para enseñar encaje de bolillos la clave es la paciencia. "Todo el mundo puede aprender, pero hay personas a las que les cuesta un poco más. Aunque en todos los años que llevo enseñando sólo una de mis alumnas decidió abandonar porque no lo conseguía, y curiosamente fue una monja, con lo laboriosas que son ellas", ha afirmado López. En el origen de la técnica y diseño de los encajes de bolillos siempre encontramos las pasamanerías que adornan los tejidos, tanto de trajes de vestir como los ajuares. Pero el cómputo de creaciones es mucho más amplio. Abanicos, corpiños, bolsos, broches, flores "e incluso hemos llegado a hacer un árbol y un corazón y hasta unos zapatos, aunque sí que fue difícil porque no teníamos patrón", ha apostillado López. Una actividad muy laboriosa que sigue transmitiéndose de generación en generación formando parte de nuestras tradiciones.

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