La ermita de Nuestra Señora de las Angustias

  • Sacralización del espacio público de Fondón. Las propias características del edificio, de sencilla nave de cajón, facilitaron la ampliación, en pleno siglo XVIII, por la cabecera

Según Vicente Puertas Daza en 1694 se constituye, y aprueba, por el arzobispo de Granada, la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias. Respecto a la ermita, este mismo año, resulta que "es de poca capacidad para celebrar la fiesta principal". Esta circunstancia, junto con el desarrollo experimentado por el municipio ya en los primeros decenios del siglo XVIII, e incluso con anterioridad, propició el dotar a la ermita de mayor extensión.

Las propias características del edificio, de sencilla nave de cajón, facilitaron la ampliación, en pleno siglo XVIII, por la cabecera mediante una capilla mayor cupulada, a la que se agrega el camarín, cuya sobria decoración barroca se enfrenta a la armadura de madera, tradición mudéjar muy presente en la Alpujarra.

En la cabecera se abrió un contundente arco de medio punto, con interesante decoración en el intradós, y se generó el significativo espacio de la capilla mayor cubierta por cúpula. Las pechinas presentan vistosas y originales yeserías de excelente factura. El tambor se configura mediante molduras de escayola de apreciable relieve, presentes también, pero menos salientes, de manera radial en la cúpula. Los sectores circulares de ángulo, conformados por los citados radios, están decorados mediante finas franjas/tiras de yeserías, auténticas filigranas y verdadero encaje de motivos vegetales y animales entrelazados.

El camarín de la ermita de Nuestra Señora de las Angustias es bastante más reducido y de estructura más sencilla que los otros dos existentes en el municipio, y, frente al academicismo de éstos, presenta un evidente "aire popular", si bien, es muy expresivo.

Las pechinas muestran querubines de escayola, con la originalidad de estar coronados y muy adornados. El tambor de la cúpula se configura con molduras de apreciable relieve, y está decorado con querubines, también coronados, pero sin adornos, igualmente en ambos casos de escayola. Lo que ocurre, asimismo, en el arranque de la cúpula, aunque en este caso los querubines no presentan corona.

La cúpula está recorrida por finas molduras de escayola de trazo rectilíneo y curvo, las cuales originan, con su combinación, un interesante y expresivo conjunto, circunstancia incrementada por la desnudez del espacio delimitado por las mismas.

Destaca el hecho de que prácticamente todos los elementos decorativos se resuelven recurriendo a las yeserías, obra ornamental realizada en escayola, estuco o sus variantes. De honda tradición musulmana, las yeserías persisten en el Renacimiento y en el Barroco se aplicaron, también, a las cúpulas, como se hace bien patente en las de la ermita de Nuestra Señora de las Angustias de Fondón.

La ornamentación es muy sencilla, en consonancia con el conjunto, el cual no carece, sin embardo, de efectista visualización, y refleja el "tono popular" que subyace en todo el edificio.

La considerable sencillez, buen diseño, y la rotunda presencia de los espacios desnudos, permiten apreciar y valorar lo estructural y puramente arquitectónico del camarín de la Virgen de las Angustias. Éste se contrapone al decorativismo presente en el del Santo Cristo de la Luz en la parroquia de San Andrés, y mayormente en el de la Virgen de la Piedad en la iglesia de San Juan de Benecid.

El camarín se agrega a la capilla mayor y su importancia, al mostrar a la Virgen de las Angustias para ser sólo vista pero sin acceso directo a ella, obliga a abrir ese gran hueco en el testero de la misma. La Hermandad y los fieles de Fondón son conscientes de la importancia que tiene el realzar visualmente el altar mayor con el retablo, en 1765, se pone en venta un bancal "para que con su producto se acabe el retablo que está en la ermita" de Nuestra Señora de las Angustias, y, en 1779, se dispone la enajenación de tres olivos "para ayuda a el dorado" del mismo.

En el camarín la escenografía, el espacio y la decoración juegan un importante papel, destacando intensamente en el ambiente de las iglesias anteriormente citadas. Sin embargo, en la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, espacio más reducido y sencillo, el contraste resulta todavía más acusado y el camarín se convierte en un punto focal esencial del interior sacro. Hecho siempre presente en la Hermandad y fieles, así en 1760-62 se acomete el dorado del trono de madera "en donde está Nuestra Señora en su camarín", por importe de 870 reales, 456 para el pan de oro y 414 para Felipe Maldonado, por el trabajo.

La cúpula de la capilla mayor y la del camarín, muy próximas entre sí, configuran un conjunto lleno de armonía, sencillez expresiva y limpieza de líneas y diseño, que causa un raro y agradable efecto. Éste incluso se incrementa por el hecho de que el camarín, cerrado y sin acceso directo, focaliza y centra toda la atención en la Virgen de las Angustias, y, por su original planteamiento, en vez de producir cierta sensación de alejamiento, como puede ocurrir en otros, acerca la sagrada imagen a los fieles.

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