Cuando al fútbol se le para el corazón

  • La muerte súbita de jóvenes deportistas se produce sin que apenas pueda ser evitada

Además de los casos de Antonio Puerta y de Dani Jarque, futbolistas de equipos de Primera División, de cuando en cuando, deportistas no profesionales pierden su vida mientras practicaban deporte, sin previo aviso y de manera fulminante, sin que nada ni nadie pueda hacer nada por intentar salvar su vida. El pasado mes de septiembre, un hombre de 33 años fallecía de manera súbita mientras jugaba al fútbol sala con su peña en un polideportivo de Granada, apenas media hora después de comenzar el encuentro.

Los hechos se repetían: no padecía dolencia alguna, llevaba una vida sana y pese a que los servicios de asistencia sanitaria llegaron en pocos minutos, no pudieron hacer nada por reanimarle. Meses antes un futbolista de 42 años era encontrado sin vida en los vestuarios.

El diagnóstico de este tipo de dolencias de origen cardiaco son muy complejas de diagnosticar, incluso cuando se somete a los deportistas a revisiones minuciosas. El esfuerzo físico al que se someten los deportistas son un caldo de cultivo abonado para que se padezcan taquicardias y arritmias. Después de someterse a una reanimación, algunos de estos episodios se recuperan de la misma súbita manera con la que se desplomaron. En otros, esta se agrava y a pesar de la utilización de desfibriladores, nada se puede hacer. Fue algo así lo que costó la vida al sevillista Antonio Puerta; pese a que en el campo parecía totalmente recuperado y su desfallecimiento parecía pasajero, su estado se complicó de manera irreversible, muriendo a las pocas horas. Los datos son estremecedores: en los últimos doce años, 176 deportistas (164 varones y 12 mujeres) han perdido su vida en lo que se conoce como el síndrome de la muerte súbita.

Los casos más conocidos remiten a la tragedia que se vivió en Sevilla a finales de agosto de 2007, con las imágenes de Puerta desplomado sobre el Sánchez Pizjuán y la muerte de Daniel Jarque, el joven jugador del Espanyol en la pasada pretemporada.

Los médicos apuntan a la prevención como la mejor arma para combatir este tipo de fallecimientos a través de la realización de dos electrocardiogramas (en reposo y de esfuerzo), aunque este tipo de pruebas sólo permiten la detección de alrededor de un 30% de las dolencias que pueden desembocar en la temida muerte súbita.

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