La historia de la gente sin historia

  • Camino del desierto. Martín García Ramos era un excelente contador de historias, algunas las había vivido, otras escuchado. Es de los habitantes de donde capta las más geniales anécdotas

LA palabra fácil y precisa y un estilo directo y sencillo, unidos a la interacción entre realidad sensible y realidad mental (inmediatez y reflexión), se reflejan en la novela Camino del desierto.

Martín García Ramos era un excelente contador de historias, algunas las había vivido, otras escuchado. Es en el acontecer diario de los habitantes del Valle del Almanzora de donde capta y extrae las más geniales anécdotas e historias con imaginación y sensibilidad, con el resultado de lo que podríamos denominar como una "historia de la gente sin historia": Benigno Melgarejo, Juliana, Florentina, el Segao, el Vito, el Cabraloca, Pedro, Serafín, Curro, Ambrosio, Antonio, la Cachocha, Paco el baladre, etc. Siempre con espíritu reivindicativo, pues nunca se queda impasible ante la desigualdad o la injusticia social, de ahí que muestre su decidida inclinación por los personajes más débiles, los perdedores.

En Camino del desierto Martín García pretende explicar y comprender, con una gran riqueza de contenidos, su entorno y, también, como muchas personas que se ven obligadas a salir de su tierra de origen conservan y mantienen la identidad espacial. No es de extrañar que hombres y mujeres sientan esta vinculación, pues el entorno inmediato físico y social ejerce una trascendental influencia en el desarrollo mental y social temprano del individuo. Estos sentimientos se hallan vinculados a la idea de territorialidad o relación sentimental respecto a los lugares en donde se ha vivido tiempo; tal actitud aumenta cuando se han abandonado los sitios de la infancia, con lo cual desaparece no sólo el espacio construido, sino todo su contexto y el símbolo de la experiencia vital, con el que se deja una parte de las propias raíces y de uno mismo.

Camino del desierto recuerda la afirmación de José Hierro referente a fabular los personajes en su cotidianeidad más elemental, tal vez atemporal y ubicua, buscando lo que de común hay, pues si García Ramos es un fino observador de los elementos físicos, no lo es menos respecto a la interrelación personas-naturaleza a través del espacio.

Nuestro autor innova los esquemas de percepción centrando el interés geográfico en varios aspectos: apreciación de la geomorfología (montaña, valle), del clima y sus efectos, con gran agudeza. Resaltando la sequía, limpieza de la atmósfera, efusión de luz y tiranía del clima; sin olvidar el paisaje agrario y el poblamiento, así como también el carácter de los habitantes, mediante cromáticas descripciones. Éstas pueden aplicarse igualmente a la pobre vegetación natural y a la atormentada geomorfología.

"La señorita Juliana se podía haber casado con Pepe, el de Almarjalejo, una pequeña aldea del término de Huércal-Overa, situada a la derecha mano del camino real, conforme se va desde Huércal a Zurgena sin pasar por Overa, pero ¿cómo podía competir un indígena de Almarjalejo con todo un señor jefe de estación que había nacido nada menos que en Peñaranda de Bracamonte?

Don Benigno salió aquella tarde a recibir el tren correo de Alicante a Granada, el tren 51. Era un día como otro cualquiera, nadie podía suponer que la desgracia acechaba bajo un cielo tranquilo e intensamente azul. Cruzó la vía hasta llegar al andén del lado opuesto, esperó la llegada del tren, aguardó hasta que se apearon y subieron los pasajeros y, cuando el cartero descendió del vagón de correos con los dos o tres periódicos que

llegaban desde Madrid y alguna que otra carta, don Benigno empuñó su trompeta dorada, limpia y brillante como siempre, aspiró aire suficiente para hacerla sonar y dio la salida al tren…

Se levantaba todas las mañanas muy temprano, se echaba el haz de cañas a la espalda y se iba a través de los campos sedientos, mirando a un lado y a otro para buscar el lugar más adecuado al trazado de su canal imaginario. Serafín había visto los planos del canal de los ríos Gardal y Castril cuando era un niño. Estaban pegados en una de las paredes de la casa de un tío suyo que era capataz en las minas de Sierra Alrnagrera, en Cuevas de Almanzora, y, desde entonces, aquel recuerdo llegó a convertirse en una obsesión para él. No comprendía que una obra como aquella, cuya conveniencia se vio ya en el reinado de Carlos III, en pleno siglo XVIII, estuviera todavía sin terminar.

El tío Ambrosio era un hombre maravilloso. El Curro se quedaba boquiabierto cuando su tío tomaba la palabra y empezaba a contar sus aventuras por tierras de América. Algún día no lejano, cuando fuera mayor, él también se iría de Morazara, pero no volvería como su tío, sin una peseta, él conseguiría reunir una buena fortuna y se la traería a su madre para que no le faltara de nada…

Hacía varios años que el Segao se había quedado casi ciego por culpa del maldito tracoma y tuvo que dejar para otros el trabajo de las tierras. Se buscaba la vida trabajando el esparto. Nadie como el sabía trenzar sus fibras...

La Cachocha pensaba en voz alta, hablaba sola como si estuviera loca. Parecía estar fuera de sí.

"Si no fuera por mí no sé qué iba a ser de todos vosotros. María, que se me ha perdío el anillo de casao, reza la oración de San Antonio para que lo encuentre... María, que mi novio me ha dejao y me parece que estoy preñá, que hace más de una semana que ni pasa por mi calle ni viene a verme. María, que ya no se acerca a mi reja, ni me habla por la gatera como hacía antes en las noches de ronda... María, que mi niño tiene mal de ojo, vete preparando el torviscón y los ensalmos, dime cuándo debo traerlo para que le quites el maleficio... María, que mi niña está quebrá y, la pobre, no hace más que llorar y se me va a reventar cualquier día si antes no le arreglas la quebrancía; dime cuándo te la traigo para que la pases por la rama del cerezo y le reces la oración de Santa Polonia... y así todos los días, ... que me duele una muela, que se me ha desgobernao el brazo por el hombro... ¡ay!, si no fuera por mí, no sé qué iba a ser de todos vosotros".

La Cachocha era, verdaderamente, el paño de lágrimas del pueblo. Su influencia sobre las personas era muy grande y su fama se extendía por toda la comarca: el mal de ojo, las hernias o "quebrancías", los esguinces

o miembros "ejobernaos", la "tericia", el ajorre, el muermo, las fracturas de huesos, el mal de piedra, las anginas... para todo tenía remedio.

Unas veces empleaba las hierbas medicinales, cogidas por ella misma en la montaña, en fecha y circunstancias muy precisas, cuyo secreto guardaba celosamente, preparaba diversos tipos de "polvos", pociones, bebedizos y otros potingues, guardados aún con mayor secreto, hasta que llegara el momento de transmitirlo a otra mujer que también debería llamarse María, como ella. Pero todavía era pronto para revelar a nadie sus misteriosos secretos medicinales y sus oraciones y fórmulas mágicas. Lo haría cuando ya fuera vieja, cuando sintiera que la muerte se le acercaba. Lo mismo habían hecho con ella…

Pero, entre todos los éxitos que había tenido la Cachocha quizá el más celebrado fue el de saber predecir la llegada de las lluvias, aunque, en los últimos años su fama por esta virtud había disminuido mucho, no ya porque errara en sus predicciones, sino porque habían pasado ya muchos años sin llover y las gentes la culpaba de ello."

(M. García Ramos, Camino del Desierto)

Pautas y propuestas sobre el Medio Ambiente Social del Valle Medio del Almanzora/Arboleas en Camino del desierto

-Camino del desierto es un testimonio directo de la realidad socioeconómica.

-Actividad humana y situación socioeconómica.

-Critica socioeconómica.

-En toda la obra se manifiesta una amplia problemática social.

-Injusticia social, emigración, etc., se entremezclan con la sequía, e incluso con la lluvia que, a veces, por su carácter torrencial no resuelve la situación.

-El excelente conocimiento de la realidad lleva a proponer reformas centradas en el agua, canales, etc.

-Cultura del aprovechamiento de las escasas aguas: rio, fuentes, galerías-minas, boqueras.

-Destrezas empíricamente desarrolladas y asimiladas por el agricultor, verdadero experto, pues le va en ello la supervivencia, por ejemplo la utilización de las boqueras y el lodo para la reconstrucción de lo arrasado por las fuertes avenidas del río.

-Propósitos transformadores y de mejora para el pueblo. Relato de las vicisitudes en el proyecto de construcción del Canal.

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