La identidad espacial frente a los riesgos naturales

  • Camino del desierto. Las personas sienten esta vinculación, ya que el entorno inmediato físico y social ejerce una influencia en el temprano desarrollo mental y social del individuo

EN las sociedades agrarias tradicionales los grupos humanos están muy ligados a la tierra, por lo cual los rendimientos catastróficos tienen una incidencia muy negativa, debido a que, con demasiada frecuencia, a las estructuras económicas, de una sociedad desigualitaria, se unían causas de orden natural: sequías, inundaciones, generadoras de malestar, miseria y emigración. En Morazara/Valle Medio del Almanzora la mala situación socioeconómica viene motivada por la irregularidad del orden natural, especialmente el rigor del clima, y la estructura económica, con un resultado dramático para los sectores de población más desfavorecidos. La sequía puede hacerse muy agobiante, y, el campesino que no emigró, por amor a su tierra, experimenta cierto arrepentimiento, y, en ocasiones también el emigrante retornado.

En Camino del desierto los personajes conservan y mantienen la identidad espacial con su Valle. No es de extrañar su excelente planteamiento por Martín García, pues las personas sienten esta vinculación, ya que el entorno inmediato físico y social ejerce una transcendental influencia en el temprano desarrollo mental y social del individuo. Estos sentimientos se hallan vinculados a la idea de territorialidad, o relación sentimental respecto a los lugares en donde se vive tiempo.

"Relámpagos y truenos cesaron a los pocos minutos, como si la oración de la Cachocha hubiera sido escuchada. Una mansa lluvia continuó cayendo durante toda la noche, pero el estruendo de las aguas del río era cada vez más intenso e impresionante.

Ya no era posible volver a contemplar la magnitud de la catástrofe, los truenos sonaban muy de tarde en tarde con un eco lejano: la tormenta se había desplazado hacia la sierra de las Estancias y alimentaba con agua, derramada a raudales, las numerosas ramblas y arroyos que vendrían, después, a engrosar el caudal del río para completar así la ruina y la desolación de aquellas pobres gentes.

[…] Aquellas aguas enloquecidas habrían destruido ya toda la huerta, pasaba río abajo grandes masas de árboles y algunos de ellos se habían detenido a la misma entrada del pueblo, al hacer las aguas un remanso en la confluencia de los dos barrancos con el río. Nunca las aguas habían llegado hasta aquella altura, jamás habían alcanzado ese nivel. Los árboles flotaban sobre ellas como si fueran barcos de papel.

[…] Amaneció aquel día triste para todo el pueblo. Algunas casas, las más viejas y las más pobres del barrio antiguo, se habían derrumbado sobre sus moradores y se decía que había algunas víctimas entre los habitantes de las casas bajas, las que habían sido construidas en la otra orilla del río…

[…] Es lo mismo -terció el Cabraloca- el daño ya está hecho. Antes teníamos tierras sin agua y ahora, agua sin tierra. Sólo nos quedarán las tierras malas de la Alquería Alta, pero nada ha quedado de las tierras de aluvión, ya no queda ni una sola arboleja en todo el pago y hasta las atochas de adentro han desaparecido.

[…] La miseria y la desolación se habían apoderado de las pobres gentes. Más de la mitad de las tierras ribereñas habían sido arrebatadas hacia el mar y la mayor parte de las familias habían perdido casi todo cuanto tenían. El lecho arenoso del río se había extendido de tal manera que apenas quedaban en sus orillas unas pocas reliquias de la antigua huerta y sus aguas discurrían ahora mansamente, formando apretados meandros sinuosos, como si ya no tuvieran prisa alguna por llegar a la mar y anduvieran mirando a una y otra ribera en busca de tierras que regar…

[…] Al pie de la iglesia vieja, se extendía el arenoso río, una serpiente de aguas azuladas que brillaban heridas por el sol, y la huerta deshecha por las inundaciones de la que sólo quedaban algunos trozos de bancales, pegados a la carretera, que ponían la nota verde de sus árboles en aquel paisaje desolado.

A la Cachocha le gustaba, desde siempre, mirar hacia el pueblo desde ella perspectiva, no parecía el mismo pueblo de siempre: los tejados y las fachadas que se iban alternando sobre la ladera de la montaña daban la impresión de que las casas hubieran sido construidas unas sobre otras, pero, ahora, algunas aparecían derrumbadas, los tejados se habían hundido en muchas de ellas y por todas partes asomaba la imagen de la destrucción y de la ruina.

Sólo la fachada de la iglesia nueva se levantaba, airosa, en el centro de todo, dominando las plazas y calles vecinas con la torre del campanario, en cuyos huecos anidaban las palomas y los vencejos.

[…] Las señales de la riada estaban marcadas en las paredes del molino. La altura alcanzada por las aguas había dejado su huella en las piedras desnudas de cal de la pared y en la terrera rocosa de la ribera marcando una perfecta línea horizontal. Sobre esta línea, crecían algunas zarzas raquíticas."

(M. García Ramos, Camino del Desierto)

Rica diversidad de enfoques

Pautas y propuestas sobre los riesgos naturales en el Valle Medio del Almanzora/Arboleas

A pesar del peligro representado por los torrenciales aguaceros la aparición de la lluvia genera la esperanza de unas poblaciones tan ligadas a su Medio.

La realidad surestina del río Almanzora totalmente seco/caudal excepcional-grandes avenidas-inundaciones, está muy bien y acertadamente planteada por el autor. El Medio Físico desencadenante de riesgos naturales: sequías y lluvias excepcionales- avenidas inundaciones, con las secuelas de miseria y emigración.

La impotencia humana frente a la inundación se presenta con intensas imágenes.

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