No llueve a gusto de todos

  • La mediática y polémica ordenanza del ruido divide a los vecinos que sí coinciden en que hay que acabar con la degenerada imagen de la localidad

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La Ordenanza reguladora del ruido procedente de usuarios de la vía pública, actividades domésticas y de vecinos, que será aprobada en Pleno extraordinario el próximo martes, ha fraccionado a la opinión pública en Mojácar, cumpliéndose así el dicho de que 'nunca llueve a gusto de todos'. Los ciudadanos de a pie de Mojacar e incluso de municipios vecinos, tanto los que están en contra como lo que se encuentran a favor del contenido total o parcial de la Ordenanza, evitan ponerle cara, nombre y apellidos a su valoración. Una cosa es el comentario de bar y otra, aparecer en los papeles. En cualquier caso, hay una coincidencia común: es necesario terminar con la actual imagen degenerada de la localidad.

Las mayores discrepancias se hallan en la forma y oportunidad. Para unos, la decisión adoptada por el equipo de Gobierno mojaquero no es la adecuada; es, según manifiestan, un abuso, una arbitrariedad, amén de una Ordenanza coercitiva y desmedida con repercusiones negativas en el sector turístico. En cambio, otros ciudadanos "consideran imprescindible unas medidas como las que se van a tomar si se quiere atajar la degradación de la imagen de Mojácar" asociada, a semejanza de otros municipios costeros, al botellón y escándalo. En este punto, la pregunta es ¿qué tiene qué ver esta Ordenanza con la Ley de Protección contra la contaminación acústica en Andalucía? En principio, nada. La Ordenanza contempla pautas de convivencia y la Ley evitar todo sonido que por su exceso o intensidad de niveles perturbe el ambiente en un entorno determinado. Sin embargo, en Mojácar es difícil disociar una de otra. Acomodar la opinión de un empresario de hostelería con la del propietario de un apartamento en vacaciones familiares, se antoja, cuándo menos complejo, si ambos no están dispuestos a alcanzar acuerdos de convivencia. Al parecer, esto es lo que intenta conseguir el Ayuntamiento de Mojácar con la implantación de la Ordenanza reguladora del ruido.

Algunos de los puntos contenidos en la Ordenanza reguladora del ruido de Mojácar, han sido tildados de 'esperpénticos' por emplear tono suave. El dominó, el uso de tacones, y otro tipo de ruidos del mismo estilo sometidos a posible sanción "es una barbaridad, esto es pasarse de la raya" según a quién se pregunte, porque si la respuesta viene de alguien con un vecino ruidoso u ocupantes de un apartamento en despedidas de solteros "ya era hora de que podamos descansar sin que nos den la vara". Así son las cosas, depende del prisma, como en casi todo.

En este debate popular, resulta casi imposible separar el grano de la paja. De ahí, por ejemplo y a pesar de no preguntar por ello, la mayoría de los ciudadanos entrevistados hablan inevitablemente de los controles de alcoholemia. Resulta cierto que en ocasiones, la carretera de la playa de Mojácar está 'tomada por la Guardia Civil'. Hay quien protesta por ello, "si bebes un par de vinos, te tomas una copa y te paran, estás listo, multa al canto. Así espantamos al turismo y los restaurantes están vacíos por la noche". A este respecto, el sentir mayoritario es claramente positiva: "si el que conduce no puede beber que no beba. Es preferible que haya controles a que hayan accidentes, si alguien piensa que por no beber se va a dejar de ir a un restaurante a cenar y beber moderadamente, es que no sabe lo que es perder un familiar atropellado por un borracho". Vienen a decir aquello de 'si bebes, no conduzcas'.

Alcaldes y concejales de otros municipios que "no entran a enjuiciar lo que hacen en otros pueblos", sí manifiestan que con la trascendencia mediática nacional dada a algunos apartados de la Ordenanza "le han hecho un favor a Rosmari. Toda España y tal vez fuera de las fronteras, ya saben lo que hay y que Mojácar no es el botellón de Andalucía Oriental". Algo que está por ver. De momento, la Ordenanza ha de pasar por Pleno que, a buen seguro, será digna ceremonia política.

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