Un marinero con mucha suerte

  • Nicolás vende cupones tras perder la mano faenando en la isla de Alborán y recuperó la extremidad tras un injerto de su propio muslo · Ahora la ONCE le ha dado la vida

Nicolás Sánchez Pardo, de 54 años de edad, sufrió un accidente mientras pescaba en la isla de Alborán. Un cable del barco le cortó la mano y un helicóptero le evacuó al hospital Torrecárdenas. En la clínica Mediterráneo le injertaron fragmentos de su pierna y tras casi una quincena de operaciones logró no perder la mano. Tras superar este drama, desde hace tres meses es un hombre feliz gracias a la ONCE, una organización a la que está tremendamente agradecido porque le dio la oportunidad de ser vendedor en  la organización.

Ahora trabaja ocho horas diarias, o más si hace falta, en la puerta del centro comercial que Mercadona tiene en la calle Rafael Cabestany de Roquetas de Mar, en la esquina con la avenida Pintor Rosales. Allí se ha hecho muy popular y tiene una clientela fija. La vida le ha dado otra oportunidad y como tiene un carácter muy cordial, extrovertido y abierto se ha convertido en una persona querida en el barrio.

Además, en el poco tiempo que lleva en la ONCE ha dado ya varios pequeños premios, sobre todo de cien euros, a la gran cantidad de personas que se congregan en su puestecillo, que él llama con cariño 'quiosco la juventud', en recuerdo de una tienda de chucherías que tuvo hace varios años en Algeciras, "porque la juventud es la que mueve el mundo". Sin duda la razón de su éxito es "que me encanta el contacto con la gente. Disfruto con ellos. Estar aquí es lo mejor que me podía haber pasado. Mira que chicas más guapas hay. Esto es una maravilla. Estoy muy agradecido a la ONCE, de verdad, me han dado otra oportunidad en la vida y un puesto de trabajo. Vengo por la mañana desde Almería en el autobús, como en un bar de jubilados y vuelvo a la puerta del supermercado. Por la noche dejo el quiosquillo y la silla en el café Metrópolis y vuelvo a casa en Almería en el bus", explica Nicolás resumiendo su jornada laboral diaria.

"Estoy encantado con la gente de Roquetas, son muy buenos, muy buenos clientes. Estando el cliente feliz yo soy feliz", afirma con una sonrisa mientras atiende a los clientes que pasan por la calle, entran o salen del supermercado, donde sus empleados también le muestran su cariño.

"Con la crisis que hay, unos días son malos y otros mejores. El viernes por ejemplo vendí todo lo que llevaba, hoy es un poco más flojo, pero no pasa nada. Hay que tener paciencia. Aquí estoy como mínimo ocho horas diarias, y si quiero estar más horas, pues mejor, porque así gano más. Yo he dado muchos premios de setenta y cien euros del 'Rasca' y alguna vez los tres últimos números de la ONCE. No puedo quejarme", cuenta Nicolás, quien se sabe los motes de todos los números que tiene a la venta, así que se pone a cantar a los clientes "el galán, el primo, la cama, la rosa, los claveles, el huevo, el corazón, las cerezas, la niña bonita, la guitarra, el barco velero, el dinero, la naranja, los patos, los melones, el coche, el cañón, los pollos, la pajarera, el avión, el viaje, la cebolla, la campana…".

Mientras atiende a las preguntas del Diario de Almería da un premio de 10 euros en el 'rasca' de la ONCE. Dani fue el agraciado. Rascó por cincuenta céntimos y ganó diez euros. La suerte estuvo con él. Una niña pequeña le dice a su madre el número que tiene que comprar para el miércoles "que acaba en 67 y me gusta". Se acerca otra familia "que falta nos hace la suerte, porque en Navidad se nos incendió el piso. Hasta hicieron una colecta mis compañeras de trabajo para recaudar algo", recuerda una mujer.

Como si fuera una premonición sobre el trabajo que le iba a hacer feliz dos años después, fue un 9-9-2009 cuando tuvo el trágico accidente en la mar. El nueve de septiembre de 2009. "Dos años pasé en casa. Me iban a cortar la mano. Me hicieron el injerto con carne de los muslos y gracias a eso pude salvar la mano. Tengo huesos artificiales, y todo gracias al doctor Javier de Torres Urrea, a quien le quiero tanto como a mis padres. Me dio la vida. Me iban a cortar la mano entera, porque cuando me segó el cable se quedó colgando de un hilillo. La amarré con un trapo y estuve 40 días en la clínica Mediterráneo. Él y su equipo me salvaron la mano derecha, hasta crece la uña, lo que significa que tiene vida. Me llevaron en helicóptero hasta Torrecárdenas donde me hicieron las primeras curas y luego a la clínica, donde estuve 14 veces en el quirófano, un día sí y otro no. En vez de cortarla lograron salvarme la mano. Mientras viva estaré agradecido a los médicos y a la ONCE", cuenta entusiasmado Nicolás ante la nueva oportunidad que le ha dado la vida.

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