El movimiento 'Indaliano' vuelve a Almería de la mano de 'Martime'

  • Pedro Miguel Martínez creció rodeado de pintores de la talla de Jesús de Perceval. Ahora sigue sus estelas con la representación de espacios marinos almerienses

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Son muchos los padres que intentan, a lo largo de su vida, inculcar en sus hijos la pasión y los conocimientos de sus oficios. Hay otros, en cambio, que no han necesitado esforzarse en ello ya que, desde pequeños, estos han vivido rodeados de los utensilios y enseres de trabajo de sus padres y de los de sus 'colegas' de profesión.

Este es el caso de Pedro Miguel Martínez Medina (Martime), pintor desde su infancia pero que hasta ahora no se ha dedicado de forma profesional a la pintura. Hijo de uno de los miembros del conocido Movimiento 'Indaliano', Miguel Martínez, desde muy pequeño compartió sus juegos y aprendizajes con artistas de la talla de Luis Cañadas, Miguel Cantón Checa o el gran Jesús de Perceval.

"Después de tanta vinculación con pintores no fue necesario que nadie se encargara de enseñarme a pintar", reconoce; además, afirma que "el pintor no se hace, sino que se nace".

A los diez años realizó su primera obra, una pintura de un campo en la que aparecía un segador. Ésta fue gestada en el taller de José María Molina, amigo de su padre, quien le entregó un día una tablilla, un pincel y unas pinturas.

"Pintar es para mí como respirar, algo vital", reconoce Martime a la vez que admite el hecho de que muchas veces "quitaba minutos a mi tiempo libre para dedicárselos a la pintura".

Ahora, recién abandonada su carrera laboral, ha decidido dedicarse por completo a la ampliación de una obra pictórica que, hasta el momento, ronda la treintena de composiciones, hechas sobre lienzo con pintura al óleo y con espátula.

Especializado, como su padre, en la realización de paisajes y, más en concreto, en las marinas, posee una gran variedad de obras en las que ha representado espacios de la provincia de Almería entre los que destacan los de la zona de Cabo de Gata lugar en el que, según Martime, "hay cientos de lugares completamente distintos uno del otro, originados por las irregularidades del litoral, algo que le da un encanto especial".

Pintor autodidacta considera la pintura "una profesión más", por lo que se la toma muy en serio y no la utiliza de distracción.

Amante de los boleros , única distracción que tiene mientras pinta, no encuentra atractivo el retratar edificios o espacios urbanos, salvo aquellos que poseen una belleza o encanto especial como la alcazaba de Almería.

"La provincia posee espacios muy bonitos para pintar" afirma. Uno de sus sitios favoritos, por sus características orográficas son las Ramblas de Tabernas, en las que los contrastes de colores marrones "resultan fascinantes para la pintura".

En plena actividad creativa para culminar con una próxima exposición que muy pronto verá la luz, tiene en mente poder llevar a lienzo una panorámica de la localidad de Lubrín, vista desde la carretera de Sorbas.

Con sus marinas, Martime espera poder seguir la saga de su padre y del resto de pintores del Movimiento 'Indaliano' y poder contribuir a la pinacoteca almeriense que, según reconoce, "está muy saturada por el gran número de artistas existentes".

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