El lado oscuro de la transición

Seis muertos por la explosión de una granada en la Legión

  • El 16 de diciembre de 1975 se llevó por delante la vida de seis soldados de reemplazo de Santo Domingo, Santa María del Águila, Los Escullos y Abrucena

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A primeras horas de la tarde del martes 16 de diciembre de 1975 el cielo amenazaba lluvia en toda la provincia de Almería. Una tarde gris plomiza que conforme avanzaban las horas se iba haciendo más oscura posiblemente premonitoria sobre la confirmación de una serie de rumores que llegaban un tanto solapadas hasta la capital, acerca de una violenta explosión ocurrida unas horas antes el campamento militar Álvarez de Sotomayor de Viator.

Por la noche ese rumor ya corría de boca en boca en toda la capital. Se sabía que se había producido un accidente muy grave y el comentario generalizado entonces en la calle apuntaba a una explosión en el polvorín había causante de la tragedia circulando entre los vecinos de la capital siniestras cifras sobre el número de muertos en dicho accidente militar. Lo cierto fue, que una explosión en el campo de maniobras del campamento Alvarez de Sotomayor había provocado la muerte de seis soldados de reemplazo y heridos otros varios afectados de diferentes pronósticos. La cosa, para la población y para los escasos medios de comunicación existentes entonces en Almería, se trataba de una cuestión de los militares asumiéndose de antemano que de lo ocurrido no se conocerían mucho más detalles hasta el día siguiente.

Así fue. Esa tarde noche las emisoras de radio locales no dijeron nada sobre el caso en sus distintos espacios informativos. El decano de la prensa almeriense, tampoco publicó en sus páginas del día siguiente las consecuencias del desgraciado accidente en la base militar, ya que oficialmente los hechos no se dieron a conocer a la opinión publica por los autoridades hasta la mañana del miércoles 17 de diciembre. Pasaron entonces más de doce horas desde que se produjo el suceso.

La información difundida, como venía siendo habitual en el ámbito militar, fue escueta y concisa, pero el hecho de que cuatro de los seis soldados muertos fueran de la provincia de Almería influyó notoriamente para que las autoridades militares facilitaran más tarde nuevas explicaciones sobre el caso, aunque no lo fueron lo suficientemente satisfactorias, como así reconocieron en su día los propios familiares de los soldados fallecido.

Los hechos que se saldaron con la muerte de los seis soldados ocurrieron en torno a las seis de la tarde del martes 16 de diciembre. Los militares que en esos momentos se encontraban en el campo de maniobras del campamento Álvarez de Sotomayor quedaron sobrecogidos cuando una violenta explosión arrojó por el aire los cuerpos de varios soldados al explosionar una granada de mortero. Tras la tremenda deflagración, los cuerpos de los jóvenes soldados- algunos terriblemente mutilados- fueron desplazados decenas de metros como consecuencia de la potente onda expansiva. Seis soldados perdieron la vida en el acto y otro militar resultó herido muy grave.

Desde la Base militar apresuradamente se informó que los militares afectados por la explosión, manipulaban imprudentemente el artefacto lo que originó su detonación. Aunque el Juzgado Militar instruyó las preceptivas diligencias sobre el suceso para averiguar las causas del accidente, el resultado de las investigaciones no trascendió o al menos no fueron difundidas públicamente. Después de pasar tantos años, algunos familiares de las victimas no saben todavía cómo se produjo la desgracia y si se tenían que haber pedido algún tipo de responsabilidades a los responsables militares que se encontraban al mando de las maniobras.

Ese mismo día a primeras horas de la noche la triste noticia les fue comunicada telefónicamente a los familiares. La orden partió del coronel jefe del CIR-6, Ricardo González Olmedo. Casi en simultáneo en una de las compañías del campamento a cargo de un oficial, se improvisó una pequeña oficina de atención a los familiares de los fallecidos que iban llegando desde diversos puntos de la provincia almeriense y desde Cataluña.

A las nueve de la mañana del 17 de diciembre en la capilla del CIR-6, el capitán capellán Antonio Ramos celebró una misa por el alma de los jóvenes militares a cuyo acto asistieron todos los efectivos del Campamento presidida por la Plana Mayor y familiares de los soldados fallecidos.

Hasta Almería se desplazó de inmediato el general Segundo Jefe de Tropas de la Novena Región y Gobernador Militar de Málaga, Ángel Lara Cid para testimoniar su pésame a los familiares y presidir los actos fúnebres ante la imposibilidad de desplazarse a la capital almeriense el Capitán General de la zona quien al parecer se encontraba fuera de España.

Tras el funeral diversos coches fúnebres trasladaron los cadáveres de Fulgencio Sánchez Junquera, Francisco Nieto Latorre, Miguel Jiménez García, Francisco Martínez García, Antonio Sánchez López y Francisco Garriga Martínez hasta el cementerio municipal de San José donde fueron velados por familiares y amigos.

A las seis de la tarde del 17 de diciembre salían para las localidades de Santo Domingo, Santa María del Águila, Los Escullos y Abrucena los cadáveres de los cuatro soldados almerienses muertos en el siniestro al mismo tiempo que los restos de los otros dos soldados se trasladaban a sus respectivos pueblos de la provincia de Barcelona para recibir un día más tarde recibir sepultura.

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