El municipio recupera y pone en valor turístico la tradicional matanza

  • Centenares de vecinos y turistas se reunieron ayer para celebrar una actividad tan arraigada en la provincia durante estas fechas

La mañana del sábado se presentaba fría, muy fría. La temperatura coqueteaba con convertirse en negativa pero esa gélida sensación no fue impedimento para que centenares de fiñaneros se dieran cita ayer para celebrar por primera vez la tradicional matanza del cerdo. El escenario, el almacén del trigo, fue el cuartel general desde el que desde las ocho de la mañana se dio inicio a una actividad tradicional y centenaria en el municipio y que con el paso de los años va poco a poco diluyéndose en el olvido.

Baltasar Rueda, el matarife, con más de cincuenta años de experiencia en esto de dar muerte dulce a los puercos, fue el encargado de sacrificar a dos animales de grandes dimensiones. Un pinchazo seco en el cuello "para que se desangren pronto y no sufran mucho", explicaba, acabó con su vida. Luego vendría el momento de quemar su piel para eliminar todo el pelaje.

Y tras limpiar al cerdo y destriparlo, las 18 mujeres del Taller de Empleo Al-Fiñame, organizador del evento, comenzaron con la ardua preparación de la morcilla mientras cocinaban en una gran paila a las afueras de la nave industrial las patatas matanceras y el caldo colorao (plato tradicional compuesto de pimiento, almendras, boquerón, jurel y coscurros de pan).

Ricos manjares que se convirtieron a las dos del mediodía en el reclamo para que muchos vecinos y turistas y curiosos de otras partes de la provincia disfrutaran de una jornada nostálgica para muchos y novedosa y divertida para los más pequeños, los principales valedores para que esta tradición vuelva a ser cada año una constante. Y es que recuperar las tradiciones ancestrales en los municipios se ha convertido en el siglo XXI en el mejor reclamo turístico, sobre todo para los pueblos del interior, para afianzar su economía y asegurar su futuro.

Durante la comida, el vino en bota y las risas fueron una constante entre los comensales que tuvieron también ocasión de probar los dulces típicos de la zona mientras hacían hueco en su estómago para la degustación de la morcilla a las seis de la tarde. Para ello, las mujeres de Al-Fiñame, con embutidera en mano, se afanaron en la preparación de tan preciado embutido bajo la atenta mirada de los niños, muchos boquiabiertos al descubrir la meticulosa preparación que precisa la morcilla.

Una cita, que quedará para el recuerdo de muchos fiñaneros, al convertirse en la mejor fiesta para dar la bienvenida a la Navidad.

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