Una noche sin electricidad a la luz de los candiles

  • Almócita ilumina con las antiguas lámparas de aceite la Semana de la Energía con conciertos al aire libre

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Retornar al pasado para proteger el futuro es la consigna que ha empujado a Almócita, un pequeño pueblo de apenas 200 habitantes de la Alpujarra almeriense, que se define callado y humilde, a convertirse en ejemplo a seguir en la lucha contra el cambio climático, apagando su iluminación eléctrica y recuperando el uso del candil. Un fin de semana mágico el vivido en este municipio de raíces árabes en el que tampoco ha tenido cabida el automóvil, desterrado por un día.

A las diez de la noche del sábado pasado, el Ayuntamiento de Almócita daba por megafonía el toque de queda. Las luces de las casas encaladas del pueblo se apagaban al mismo tiempo que lo hacían las farolas. La luna brilló más que nunca en la llamada Noche de los Candiles, bautizada así porque la penumbra quedó rota también por estas lámparas de aceite. Nadie falló.

"Ha sido impresionante, todo el pueblo ha colaborado haciendo que esta velada sea preciosa. Mágica", comenta un satisfecho alcalde, Francisco García, sobre las iniciativas emprendidas para celebrar la Semana Europea de la Energía, con la colaboración de la Diputación Provincial (Oficina para la Mitigación del Cambio Climático), y las Delegaciones de Medio Ambiente y Economía, Innovación y Ciencia de la Junta.

Los almoticenses han dado una lección de respeto medioambiental y de participación. Llevaban meses preparando el compendio de actividades, que arrancó el viernes con una conferencia sobre el consuno responsable de energía eléctrica en los hogares y la proyección del vídeo El cambio climático con ojos de nin@, los aperitivos del plato fuerte de la jornada del sábado, que atrajo a unos 600 visitantes que pudieron compartir el ciclo de música renacentista y celta por las calles serpenteantes de Almócita, a la luz de los candiles confeccionados a mano con material reciclado y aceite reutilizado, y lámparas solares adquiridas por las administraciones públicas.

Las fachadas blancas de Almócita, decoradas con mimados geranios y rosales, se iluminaban con los candiles elaborados en los tres talleres, sin límite de edad, organizados en la tarde del sábado: candiles de cerámica pintada; hechos con latas de conserva; y de cristal de botella. Con medio centenar de ellos se compuso en la avenida de la Alpujarra, a la salida del pueblo, un candil gigante de bienvenida, que dio pie al inicio de los conciertos al aire libre, sin amplificadores como en antaño y en el ambiente intimista siempre fiel a la lumbre.

Los grupos de malabares Mondo Trasho y Kuestión Teatro fueron los guías que condujeron a los asistentes de calle en calle a ritmo de bocanadas de fuego hasta los puntos de recogimiento musical. Silencio absoluto (ni siquiera roto por el canto de los goles del partido Madrid-Barça), para poder disfrutar de la música renacentista en directo de Anónimo IV, la guitarra y la voz eslava de Petra, o el folclore alpujarreño de Fuente de los Tres Caños y el misticismo de Langue d'Oc ante la atenta mirada de un grupo de críos embobados. "Todo el mundo respetó el toque de queda, todos estaban encantados con las actuaciones y el ambiente de paz tremenda y tranquilidad absoluta", remacha García.

Esa paz se logró también con el destierro de los vehículos a motor a un aparcamiento habilitado a las afueras del pueblo, que cuenta, para sus 200 habitantes, con un parque automovilístico de 150 coches. Con los motores apagados desde la tarde del sábado a la tarde del domingo, Almócita celebró el Día sin Coche, con los niños jugando a apoderarse de sus calles. Fue otra muestra más de la preocupación de este pueblo por conservar su riqueza natural para las generaciones venideras, consciente, recalca el alcalde, de que las energías son limitadas.

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