"El padre de la niña no merece lo que le han hecho"

  • Emoción entre los vecinos más cercanos a la familia cuando alguno menciona a la pequeña

Francisca Martínez sólo tiene palabras buenas para describir a Enrique, electricista y padre de la pequeña Alicia, de cuatro años. "Él no merecía lo que le han hecho", sentencia. Recuerda el momento de la llegada de sus nuevos vecinos. "Los veía como muy buena gente, se separaron hace poco, pero la relación que tenía con la madre de su hija era buena", asegura. Tiene cerrada la cancela de su casa, y un perro negro que sale corriendo detrás de ella. "Fue el vecino de enfrente el que acudió con él al ver que la mujer no cogía el teléfono", explica, "pero no sé si querrá hablar". Ella no se enteró de nada. "Me fui al campo, y cuando llegué no me lo podía creer... si parece que todavía la estoy viendo llegar por el camino". Por la noche lo supo todo. "También ví luces de la Guardia Civil, dicen que les avisaron cuando oyeron los gritos del padre".

"La he visto antes y después de la separación, y no he notado nada, era una persona aparentemente normal y por eso no puedo entender qué es lo que le ha pasado por la cabeza, porque no hay duda de que lo que ha hecho es terrible y no tiene explicación ninguna". Respecto a la madre de Marina G. G., la vecina destacó que "la última vez que vino estaba mala". Recordó que "no vivía con ellas, sino que periódicamente venía a visitarlas". En ese momento se le emborrona la mirada. "Perdona, es que no puedo hablar de la niña... era tan bonita". Dos palabras, repetidas hasta la saciedad. "No lo merecía, no lo merecía". Gira y vuelve a entrar en la casa. Se limpia las lágrimas con el dorso de la mano y las seca en el mandil.

Bajando la cuesta, mano derecha. Una casa blanca. El vecino que acompañó al padre hasta La Huerta. La voz metálica del telefonillo responde que no, que no quiere hablar.

"Nosotros no sabíamos nada de lo que estaba pasando... y fíjate que desgracia", afirma otra de las vecinas ante un micrófono de la televisión.

Tras los hechos, costará mucho que El Mayordomo vuelva a la normalidad. Los vecinos seguirán echando de menos, para toda la vida, la risa traviesa de la pequeña de cuatro años.

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