Los padres del joven fallecido piden ayuda para repatriarlo a Ecuador

  • Quieren desde su profundo dolor "que todos se hagan chequeos médicos, porque nosotros no sabíamos lo que tenía" · Su hermana quería "irse con él" · Aseguran que no le detectaron problema alguno

A las cuatro de la tarde de ayer las vecinas limpiaban la acera del edificio Primavera, en la localidad de Pulpí, a la espera de la llegada de un almendro en flor de diecinueve años que, apunto de comenzar a dar fruto, antes de ayer quedó oscurecido por un paro del corazón al que dejó de llegarle savia. Fue en Cuevas del Almanzora una tarde de domingo soleada mientras jugaba al fútbol. "John Henry Torres Caicedo quería ser policía allá en su Ecuador natal", cuenta dolientemente Rubí, una muy buena amiga de John, "era una buena persona, tenía amigas y amigos, lo que está pasando es muy fuerte, lo queríamos mucho, nunca fue una mala persona y esto que le pasó nos ha conmocionado a todos".

Al decir de familiares y amigos, tres años atrás John tuvo un desmayo del que entonces se repuso. Ayer, su hermana, Melba, repetía incesantemente que quería irse con él, no encontraba consuelo en las palabras, los abrazos de sus amigas no llegaban a ocupar el hueco del que la hacía reír nada más comenzar la mañana. Carla, la novia de luto, la joven niña con el primer amor arrancado de cuajo, consumía sus propias lágrimas acurrucada en el rincón de una sala limpia, blanca de duelo, "estoy triste, abatida, llevábamos tres años de novios. No tenía que pasarle esto a él, tenía diecinueve años todavía, no había hecho nada malo, los médicos dijeron la vez anterior que no era nada, que no tenía nada, ahí está, hasta que no se ha muerto no han dicho que tenía mal el corazón". Y calla, y traga el agua que derraman sus ojos, y esconde la cara entre las manos.

Jaime Torres, el padre de John, se sienta en una silla acompañado de su mujer, una madre que se muestra incapaz de articular palabra, con los dedos de las manos retorcidos de sufrimiento. Jaime saca entereza de quien sabe dónde "es un dolor muy fuerte, cosas del destino, cosas de la vida, es el único hijo en que tenía yo confianza para salir adelante. La muerte se ha llevado a mi hijo; de todas maneras quiero dirigirme a las gentes de buena voluntad, mi pedido es que si pueden colaborar en algo pues en vista de quiero llevar a mi hijo a Ecuador y ahora mismo estoy sin recursos. Acudo a la buena voluntad de la mano amiga". Dice el dicho que hoy por ti y mañana por mí.

"También le pido a la juventud que para hacer deporte siempre se hagan chequear médicamente, porque lo que ha pasado con mi hijo es algo que nadie sabíamos lo que él tenía". Jaime Torres se deshace en un conmovedor llanto: "nos ha dejado solos, pero yo sé que donde esté va a estar bien porque ha sido buen amigo de sus amigos, respetuoso con las personas mayores". Los padres buscan la forma de seguir adelante, que quien pueda ayudarles que lo hagan, es lo que piden para que un joven ecuatoriano criado en Pulpí encuentre lugar en su tierra, la que le vio nacer.

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