"Me he recorrido todos los bares para que sepan que estoy ya en libertad"

Antonio López, empresario de New Horizon Villas, tiene precintada sus oficinas. Así que un buen amigo le presta sus instalaciones para charlar tranquilamente.

"Antes de que me pregunte, tengo que decirle que no he podido dormir, a las seis de la mañana ya estaba viendo las noticias".

- La verdad es que no se le nota

- He salido con buen humor. Les he dicho a mis hijos que si me pasa algo, que sigan para adelante

- ¿Qué le ha causado más impresión de este suceso que está viviendo?

- Todo. Encontrarme en mi casa toda la ropa por el suelo, las camas levantadas. ¿Qué estarían buscando? Me da terror pensarlo. Mi mujer asustada perdida, el pequeño de siete años llorando, toda la familia llorando. No sé, esto será porque he matado a alguien.

- ¿Le han tratado bien mientras ha estado detenido?

- El trato no fue malo. Cada vez que tenía que ir al servicio tocaba el timbre y me sacaban. Yo pensaba, ¿qué hago aquí con tanto delincuente suelto?

- Parece que lo ha pasado bastante mal encerrado entre cuatro paredes

- Lo he pasado muy mal. La celda tiene cuatro metros de largo y dos de ancho, una cama y una mesa. Miras al techo dando vueltas de un lado para otro. Además, pues fíjese, tengo claustrofobia. Soy de campo y no puedo estar encerrado. Tengo que ir al psicólogo porque los nervios me comen.

- ¿Qué ha hecho cuando ha salido de casa esta mañana?

- Me he recorrido todos los bares para que sepan que estoy libre y he invitado a todos los que me he encontrado.

- Qué piensa hacer ahora

- Buena pregunta. Hablar con mi abogado e intentar arreglar todo esto. Mire, este pueblo estaba arruinado y lo hemos levantado entre cuatro, que yo he trabajado toda mi vida y ahora me tratan como si fuera un delincuente. En todas las viviendas tengo licencias.

- ¿Cuál fue el motivo de que les esposaran al llegar a Huércal-Overa?

- No lo sé. Cada uno veníamos en una jaula del autocar. Nos sacaron esposados, a mi me esposaron con Cándido. La verdad no lo sé. Me pregunto que con tanto delincuente suelto que anda por ahí, porqué nos tratan así, como si nos fuésemos a escapar.

- La jueza, ¿qué tal?

-Bien, mi interrogatorio duró unos veinte minutos.

- Sus planes inmediatos

-Comerme un cordero con un grupo de amigos.

- Eso está bien, llámame si hay sitio

- Le advierto que tengo el teléfono pinchado.

- ¿Porqué?

- Pregúnteselo a la Guardia Civil. Me piden, incluso, que les facilite el número del teléfono de mi mujer.

- ¿Tomamos un café?

- Vamos, y de paso le cuento lo del hijo del alcalde…

- ¿Tiene pruebas?

- Las tendré.

Entonces hablaremos del asunto. Ahora, el café.

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