El sueño de recorrer toda Europa tocando el 'Dijiridú'

  • Trabaja en el Paseo de Almería con un instrumento que procede de la tribu 'Indius indisnas' de Australia

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Ricardo Melo quería conocer otros mundos y vivir nuevas aventuras. Amante de la música y gran aficionado a los malabares, este portugués nacido en las Islas Azores ofrece cada mañana un pequeño concierto sentado en la acera del paseo de Almería.

Pide a cambio una pequeña limosna, ya que actualmente se encuentra sin trabajo y necesita ese dinero para continuar su viaje. "Vivía en una isla. Cuando alcancé la mayoría de edad me fui de allí. No aguantaba la monotonía y me agobiaba pensar que estaba apartado del resto de mundo. He conocido a numerosos músicos, poetas o pintores y espero seguir haciéndolo, porque quiero cumplir un sueño: recorrer toda Europa ofreciendo mi música a la gente de a pie" explica, a escasos metros del kiosko de las pipas del Paseo..

Entre sus instrumentos destaca el Dejiridú, un utensilio procedente de una tribu australiana llamada Indius Indisnas utilizado con fines espirituales. "Me relaja mucho. Es un sonido diferente, me envuelve y desconecto. Siento como si estuviese en una burbuja. Creo que soy una persona que me gano el dinero honradamente. A pesar de vivir así, nunca he tenido ningún problema con la policía porque sólo ofrezco arte musical", reconoce.

Actualmente duerme en la calle y gana menos de 2 euros diarios. Acude al comedor de La Milagrosa durante todas las mañanas. Allí está Sor Sabina, una monja que nunca le ha negado un plato de comida. "Es una buena mujer. Gracias a ella muchas personas no pasan hambre en Almería. Siempre la estaré agradecido".

Ha vivido numerosas experiencias. Unas buenas y otras muy malas. Prefirió comenzar por la segunda. "Estaba en Palencia con un amigo. Aquella noche no teníamos dinero y tuvimos que dormir en la calle. Hacía seis grados bajo a cero de temperatura. No había nadie en la calle y nos moríamos de hambre. Aquella noche me desperté con un frío horrrible y con la cara paralizada. Estuve ingresado por una pulmonía durante casi dos semanas", detalla.

Uno de los momentos más felices de su vida fue cuando conoció a Marian, una gaditana residente en San Fernando con la que estuvo viviendo durante seis años. "Fue la etapa más bonita de mi vida. La quería mucho, al igual que a sus dos hijos. Vivimos unas experiencias maravillosas", dice, con los ojos medio encharcados.

Tiene un mensaje para los ciudadanos: "Creo que el arte debe ser valorado en todos los aspectos. La gente tiene que valorar más al artista de la calle. Una propina nos puede salvar la vida".

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