La tradición clausura la feria

  • La batalla de Moros y Cristianos realizada en el Patio Andaluz puso el colofón a cuatro días de fiesta · Los vecinos del municipio han disfrutado activamente en todas las actividades tanto antiguas como lúdicas

Las fiestas patronales de San Antonio en Carboneras han dicho adiós a cuatro intensos días de diversión, buen humor y una alta participación con la celebración de los actos más antiguos. Entre ellos, la quema de las velas, la velá del santo ante el castillo de San Andrés, la procesión y la batalla de moros y cristianos. Actos con arraigo en este municipio que ayer vivió uno de los eventos más característicos de sus fiestas. Hablamos de la batalla de moros y cristianos en la que se narra parte de la historia de este pueblo del Levante almeriense.

Se trata de una representación, en la que participan cada año alrededor de 150 personas, donde personajes de carne y hueso ataviados con trajes de época rememoran un hecho histórico de relevancia para Carboneras, la reconquista.

El eje central de esta obra teatral, como no podía ser, tiene como protagonista a San Antonio de Padua, que ostenta el patronazgo de este pueblo desde 1918.

La representación se celebra desde hace un siglo. En ella se emplea un texto literario que data de 1.900. Escrito que ha ido adaptándose a los tiempos. De hecho, el texto original sufrió una adaptación hace unos años. El arreglo corrió a cargo de José Fernández, ex maestro del pueblo, que participa activamente en la organización de este evento.

El desembarco de las tropas moras en la playa de los Barquicos da comienzo a la historia. En dicha playa se inicia una batalla que concluye ante el Castillo. Allí los moros realizan un asalto final que llega a su fin con la conquista de la fortaleza y la custodia del patrón. Los moros han ganado esta batalla, que destaca por el estruendo de la pólvora y su vistosidad.

El siguiente acto (ya de tarde) empieza con una conversación entre el embajador cristiano y el moro, quien ocupa el castillo que fue conquistado por la mañana. El primero pide al morisco que abandone la fortaleza, pero éste se niega y dice que prefiere luchar antes que rendirse. Estas palabras llevan a una segunda batalla de similar vistosidad que la primera.

La enraizada lucha termina con la victoria de las tropas cristianas que recuperan el castillo y la imagen del patrón, que tras la representación regresa en procesión hasta la iglesia después de permanecer desde la noche del sábado ante los pies del castillo en la velá. Cientos de carboneros acompañaron al santo hasta su altar mayor donde permanecerá hasta el próximo año.

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