El único latifundio de Almería

  • Mil cabezas de ganado pastan diariamente por las 2.500 hectáreas que conforman la finca Santillana, en Las Tres Villas. La aceituna y la almendra son sus principales cultivos

El único ganado compuesto íntegramente por cabras blancas pasta diariamente en la finca Santillana, en la localidad de Las Tres Villas. En total son 500 cabezas cuya selección ha sido realizada durante años, en un intento de recuperar la raza celtibérica, con sus características orejas puntiagudas y gran cornamenta. Para ello, la selección se hace desde pequeños entre los ejemplares que más se acomodan a las características de la especie, destinada a la cría más que a la producción de leche de otras razas.

Estos 500 ejemplares se reparten un total de 2.500 hectáreas de terreno, la finca de mayores dimensiones que se puede encontrar en una provincia como Almería en la que no abundan los latifundios. Además, pasean por la zona otras 500 ovejas junto a sus pastores por los montes que se encuentran entre las localidades de Alboloduy, Abrucena, Canjáyar, Nacimiento, Abla y Ohanes. Por otra parte, la vinculación de la finca a la explotación ganadera viene determinada por la presencia dentro de la misma de una Cañada Real entre bancales y eras.

En la actualidad no existe una producción agraria definida, pese a la existencia de abundante agua a través de fuentes naturales. No obstante, la distribución en terrazas recuerda la antigua crianza de la vid y los trabajadores actuales pasan su tiempo entre la almendra, la aceituna y la crianza de algunos animales.

Menos de una decena de empleados tiene la finca, entre ellos el capataz Paco Jiménez y una familia de Rumanía que es la encargada tanto del pastoreo como de la recolección de los frutos.

Las heladas no han sido nada buenas para la aceituna, explican los encargados de varearla y recogerla para llevarla a la almazara, puesto que la que se encuentra dentro de los límites de la finca, hace muchos años que dejó de funcionar. Además quedan vestigios de poblados como los de Barranco Hondo, Los Manzanos, El Birlaje, Cortijo Juan Castillo o Cortijo Peloncho.

En total, según los datos que tiene la familia Cuesta, propietaria de la finca, en los distintos cortijos llegaron a vivir hasta un centenar de personas, encargados del ganado y que recibían como compensación al trabajo realizado su vivienda, incluido un corral para sus propias gallinas o conejos de crianza.

El importante núcleo de población con el que contaba la finca se puede ver además en las ruinas en las que se ha convertido la antigua escuela, en la zona de Los Manzanos. "Allí había pocos días de clase", reconoce Mónica Rueda, nuera del propietario Manuel Cuesta, según lo que ha ido escuchando de los pastores y trabajadores que han pasado por la finca en las últimas décadas. Ello se debe a la mala climatología. Lo que hoy es puerto de montaña y de difícil acceso en vehículo cuando nieva, era intransitable en la época en la que el único medio de transporte eran las bestias. Así, eran muchos los días en los que la maestra, que vivía en Ocaña, no podía desplazarse hasta la considerada entonces como una pedanía. La despoblación de la misma comenzó "a la misma vez que se produjo la migración generalizada de los españoles, tras la guerra", señala Mónica.

En la actualidad, con las limitaciones que ha supuesto la integración de buena parte de la finca dentro del Parque Natural de Sierra Nevada, la finca queda para el disfrute de la familia Cuesta. "Mientras que se pueda mantener", reconocen, aunque también explican que se seguirá realizando un esfuerzo por mantener la finca en activo mientras que los más pequeños de la familia mantengan la ilusión semanal de subir desde Almería hasta la sierra para ver a su poni, el ternero, la burra, el pato, el jabalí o los cabritillos recién nacidos que apenas pueden ponerse en pie.

Durante su ausencia, el encargado de su cuidado es Paco Jiménez, que con su experiencia y talante consigue domesticar cualquier animal, sea jabalí o ternero, algo que sólo es posible cuando verdaderamente a la persona le gusta el campo. "Yo ya trabajé aquí con mi padre cuando tenía 17 años y después de estar fuera de Almería y trabajar en Ohanes, al final volví", explica Paco, con las riendas cogidas de lo que era hasta hace muy poco un ternero. Él es además quien más ha tenido la oportunidad de conocer a través de los mayores las historias de antaño.

Más de 2.500 hectáreas de monte y muchos años de historia han dado incluso para albergar a El Mota, el maqui más buscado de la zona y que finalmente fue arrestado y ajusticiado en una de sus bajadas a las localidades limítrofes en busca de comida. Aunque forme parte de la ficción, las propias características de los terrenos en los que se inserta la historia hacen posible la leyenda. La realidad, como contrapartida, nos devuelve la visión hacia las encinas en los que pacen los animales libremente.

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