El viaje de Jerónimo Münzer

  • De Alicante a Granada pasando por Almería. En la relación de su viaje, huye de la retórica y del lenguaje figurado buscando una escritura aséptica, desprovista de artificios

EL viajero germano Jerónimo Münzer nació, en Feldkirch (Vozelberg) en la región del Tirol, probablemente en torno a 1460 y murió en Nüremberg el 27 de agosto de 1508. En esta ciudad ejerció como médico, aunque también cultivó la geografía y la astronomía, salvo un periodo de tiempo que pasó en Italia a raíz de la peste de 1484.

Ante la reaparición en Nüremberg de un nuevo brote epidémico vuelve a salir, para emprender, en esta ocasión, un largo viaje a caballo, en compañía de tres amigos hijos de ricos comerciantes. Estuvieron casi cinco meses en España, del 17 de septiembre de 1494 a19 de febrero de 1495, tratando de entenderse en latín, pues desconocían el castellano. De su recorrido por nuestro país Jerónimo Münzer dejó escrito un Itinerario Hispánico.

De Alicante a Granada los visitantes hicieron la siguiente ruta: Alicante - Elche - Orihuela - Murcia - Alhama - Lorca - Vera - Sorbas - Tabernas - Almería - Fiñana - Guadix - La Peza - Granada.

El viajero se desenvuelve en medios sociales muy concretos, de clase media y preferentemente alta: mercaderes extranjeros, responsables políticos y militares, eclesiásticos, que le proporcionan abundante información, ello explica, entre otras cosas, que sus referencias a la economía y al común de la población estén influidas por los comentarios y opiniones que escuchaba en los citados círculos. Presenta un aceptable conocimiento del Medio Físico y comprensión del paisaje, integrando naturaleza, personas e historia, mientras los imprevistos y avatares del propio viaje humanizan la experiencia.

Es procedente preguntamos ¿cómo ven los nativos a sus visitantes?, no nos referimos al comerciante o al marino, sino al viajero, al visitante fugaz. Se viene afirmando que, por las autoridades, se daba cierta suspicacia; sin embargo, en el caso de Jerónimo Münzer la cordial acogida dispensada en Almería, Fiñana y Granada, contradice lo dicho. Igualmente, se ha manifestado que, entre el viajero y los visitados, ¿la incomprensión era mutua y ninguna de las partes implicadas hacía un esfuerzo por intentar conocer realmente a la otra? Las reflexiones, especialmente en lo referente a los musulmanes, muestran el empeño por comprender a la otra parte.

Jerónimo Münzer, en la relación de su viaje, huye de la retórica y del lenguaje figurado buscando una escritura aséptica, desprovista de artificios para descubrir el misterioso Reino de Granada a los lectores europeos, no sólo en la realidad de la época, sino también las esperanzas y los sueños de sus habitantes. La inquietud, la sensibilidad, el afán, incluso la pasión por las personas, los espacios y las costumbres marginales, nos descubre como Andalucía no es sólo la Occidental, sino que la Oriental está muy presente.

El autor recrea los ambientes con luminosidad y pureza, penetrando en las profundidades de los seres y las cosas, como se pone de manifiesto en su magistral relato sobre la ciudad de Granada. La exposición aparece enriquecida y coloreada con los ecos y las percepciones de la vida andaluza más desconocida: la almeriense, este hecho acrecienta su valor, pues Almería será poco visitada por los viajeros posteriores. Jerónimo Münzer tiene plena conciencia de la realidad, y resuelve, con singular fuerza narrativa, el reto de construir la identidad del Reino de Granada. Frente a la fuerza narrativa, ocasionalmente aparece un cierto esquematismo, que no es obstáculo para una visión analítica, puntualmente descriptiva y crítica, servida con veracidad, y en la cual la reflexión comparativa es interesante.

La pasión por la física del paisaje, el recorrido por los escenarios de la realidad cotidiana, lleva al visitante de lo tangible a lo que podemos denominar el "intrapaisaje ", la física y la metafísica, el imaginario y el espacio de la cotidianeidad: las interesantes reflexiones sobre los musulmanes almerienses y su maestría en el manejo de los escasos recursos hídricos en un medio árido, y las, no menos significativas, referentes a la sociedad granadina.

Si bien, desde el primer momento aparece la idea de Cruzada como norte de la civilización cristiana, Münzer muestra una encomiable serenidad y esfuerzo de comprensión y ninguna tragedia (marginados, amordazados, expoliados) ha quedado oculta a su sensibilidad, tanto en lo referente a los unos como a los otros.

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