Una vida dedicada a la salud de los demás

  • Juan heredó el negocio de su padre. Es el farmacéutico más antiguo de Almería. Lo inauguró su tatarabuelo en 1862

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La vida de Juan José Durbán Pérez siempre ha estado relacionada con una farmacia en especial. La misma que se encuentra, desde hace más de cincuenta años, en el corazón de la Puerta Purchena, frente al mítico y conocido Kiosko de Amalia.

Allí trabajaba su padre, José Durbán Quesada, que mantuvo a flote el negocio desde la muerte de su bisabuelo José Quesada Gómez, quien lo fundó en el año 1862. "En un principio estábamos a una manzana de donde nos encontramos ahora. Yo era un niño e iba a la farmacia de mi padre a robarle pastillas de leche de burra, lo más parecido a algunos dulces que se venden ahora", recuerda, mientras señala el antiguo cofre donde su padre guardaba sus golosinas.

La familia Durbán tenía un laboratorio en la parte superior del negocio, allí elaboraron uno de los medicamentos más efectivos para la época. "Además de hacer análisis clínicos mi padre elaboraba nuevos medicamentos. El primero que hicieron y que yo recuerde fue el Tanagel, un remedio contra la diarrea, que se sigue comercializando en la actualidad", explica.

Sólo tenía 7 años cuando estalló la Guerra Civil en España. Durante aquellos tiempos conseguir un bote de bicarbonato era toda una odisea. No había medicinas. "Cuando acabó la guerra mi padre tenía unas 7.000 pesetas en medicinas. Sólo había hambre. De hecho, cuando los refugiados malagueños llegaron a Almería el gobierno obligó a cada familia a acoger a alguno en sus casas. Tengo un gran recuerdo de aquella época porque, aunque eran tiempos muy duros estaba muy feliz junto a los míos".

Los años pasaban tras el stand de aquella farmacia y Juan poco a poco se iba haciendo un hombre. Su afán por continuar los pasos de su padre lo empujó hacia Granada y más tarde a Madrid, donde realizó el doctorado en Bromatología. "Alargué mis estudios todo lo que pude porque, en realidad, no tenía ganas de volver a la tienda a trabajar. Cuando acabé vine a Almería y me instalé en una pequeña clínica de la calle Alcalde Muñoz, donde ejercí de analista durante 29 años". Tras la muerte de su padre, que falleció de Parkinson, Juan abandonó el laboratorio y se trasladó a la farmacia. Era el año 1982. Desde entonces, acude a su despacho todas las mañanas, donde comparte su trabajo con tres ayudantes, una señora de la limpieza y un doctor en farmacia. Pasarán los años y la saga Durbán seguirá cuidando de la salud de sus clientes.

Hoy aquel recipiente donde su padre guardaba las golosinas se encuentra en el mismo lugar, en el despacho que ocupará su hijo Juan, profesor titular de la escuela óptica de Granada, el día que decida retirarse.

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