el personaje

La ilusión, fundamental para "aguantar"

| Actualizado 23.01.2010 - 01:00
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Diego Oller y Francisco Sánchez, en una de las áreas de las instalaciones de Pozoblanco (San Isidro).

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Sin embargo, aunque aparentemente todo surgió de forma espontánea, detrás se esconde todo un camino de trabajo, vivencias y experiencias conjuntas e individuales que les ha llevado a concretar esta aventura empresarial.

Francisco, de 39 años, es natural de Jaén, cuna de la oleicultura, y "no recuerda ni un sólo año en el que no haya plantado olivos" con su padre. Sus vacaciones eran siempre sinónimo de trabajo en el campo, pero no le pesa porque de esta experiencia familiar se ha llevado una amplia cultura en materia oleícola que ha sabido aprovechar para ejercer los diferentes roles en los que ha trabajado.

Diego, granadino de 40 años, llegó a Almería para estudiar Ingeniería Técnica Agrícola. Le gustaba el sector y después de finalizar sus estudios se metió de lleno en diferentes empresas relacionadas con el ramo. Así fue adquiriendo experiencia y conociendo de primera mano algunas de las firmas más representativas del mundo agrícola almeriense.

Ahora ambos compatibilizan sus respectivos empleos con el desarrollo de su propio vivero de olivos. En él producen variedades como la Picual, la Arbequina o la Hojiblanca, así como híbridos con certificación propia, entre otros. También se dedican a la instalación de plantaciones 'llave en mano' y prestan servicios de asesoramiento.

La carga laboral que tienen no es cosa de poco, pero intentan tirar para adelante pese a los inconvenientes que van surgiendo.

"Tenemos ilusión, es fundamental", admite Diego. Poner en marcha la empresa fue relativamente fácil, en comparación a los problemas que se han ido planteando como consecuencia de la crisis económica.

"Empezamos con una inversión inicial de un millón de pesetas y un invernadero de 1.500 metros", recuerda. Por aquel entonces, hace ya ocho años, la demanda era mucho mayor que ahora en proporción. Así, de esos más de mil metros pasaron a unas instalaciones que ocupan el doble de esa superficie. Poco a poco se fueron haciendo con más clientes, y la calidad de sus productos les hizo ampliar la cuota comercial a otras provincias y países de Sudamérica y Oriente Próximo, además de la vecina Portugal o Marruecos.

A día de hoy el panorama difiere de esos inicios, y el objetivo primordial es "aguantar" el chaparrón que está cayendo.

"La crisis se está notando mucho", comenta uno de ellos, "la construcción estaba muy ligada a las grandes superficies de olivar de régimen superintensivo, y los constructores han dejado de invertir en este campo".

Pese a todo, no renuncian a seguir manteniendo su nombre y calidad. "Tenemos una cara, y además queremos seguir tirando para poder mantenerlos", dice señalando a sus dos empleados, "no pretendemos hacernos ricos con esto".

En todo el tiempo que llevan en la empresa han contado con "gente muy buena, que se mueve mucho" y que, a día de hoy, gozan de toda su confianza.
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