Seguridad alimentaria

El verdadero reto del campo almeriense pasa por no salir a la palestra cada vez que alguien pone en duda la calidad y salubridad de sus frutas y hortalizas: consolidar la confianza del consumidor internacional.

Elio Sancho / almería | Actualizado 08.02.2012 - 08:36
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La situación está completamente normalizada desde hace meses, aunque cualquiera lo hubiera dicho tras lo ocurrido en los días y semanas posteriores al 26 de mayo de 2011.

Aunque muchos de los protagonistas de la horticultura almeriense avisaron de que la grave crisis alimentaria provocada por la mala gestión político-sanitaria de la ya famosa Cornelia Prüfer-Storcks, que puso el dedo acusador apuntando hacia España, en vez de analizar la situación interna de coordinación sanitaria, de seguridad alimentaria y, sobre todo, de trazabilidad, podría acabar con los contratos que se cierran en los inicios de la campaña hortofruticola 2011-2012, y que eso sería una catástrofe mucho mayor que la del cierre anticipado de la cosecha en la que se desató la crisis, lo cierto es que las aguas volvieron pronto a su cauce.

De hecho, hoy los empresarios y los agricultores coinciden en tacharlo de "montaje", como ya se vaticinó en aquellos días. Intereses comerciales cruzados de varios países y un denominador común: sembrar la duda sobre la producción de frutas y hortalizas de la huerta de Europa por excelencia, Almería.

Este punto es, seguramente, el más amargo de toda esta polémica situación. Porque más allá de las pérdidas económicas que se constataron, incluso, ante notario (y muchas que no se pagaron a las comercializadoras porque así se estipuló políticamente, con el consiguiente y lógico enfado de los alhondiguistas), radica esta cuestión de fondo. ¿Por qué cuando Alemania señala a España se dio por buena la sentencia, sin juicio previo, sin derecho a réplica y sin presunción de inocencia de por medio?
Ahí se encuentra la piedra angular de este embrollo. Almería es, por derecho propio, un referente internacional en producción de frutas y hortalizas de calidad, con más de dos tercios de su superficie invernada cultivada mediante mecanismos de control biológico, con las mejores certificaciones de calidad reconocidas en el ámbito internacional en materia de sanidad y seguridad alimentaria, y con unos mecanismos de trazabilidad que permiten reconocer el origen de una partida en cuestión de minutos.

Atributos todos ellos para jugar permanentemente en la 'Champions League' de la alimentación mundial y, sin embargo, un rumor, unas declaraciones desafortunadas o cualquier incidente que ponga en duda la salubridad de una verdura en cualquier mercado internacional, es relacionado automáticamente con el campo almeriense.
Ese es el verdadero reto de Almería. Revertir estas situaciones, generar y consolidar esa corriente de confianza en el sector hortofrutícola almeriense. Abrir las puertas de los invernaderos y mostrar a alemanes, ingleses, holandeses, franceses, belgas, noruegos, suecos, finlandeses, etcétera, simplemente, cómo se trabaja en Almería; porque los que compran el producto ya lo saben, pero ellos no hacen declaraciones (los políticos, sí), pero, eso sí, se benefician de comprar más barato en río revuelto.
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