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Casa y refugio para los almerienses
Casa y refugio para los almerienses
La catedral de Almería es la única de España que es fortaleza. Pese a eso no fue concebida con carácter bélico, sino para salvaguardar del peligro a sus feligreses
Alberto M. Molina | Actualizado 28.05.2009 - 01:00Iniciadas las obras en 1525, y suspendidas en 1572 por motivos económicos, de esta primera etapa es la zona del templo dedicada al culto desde 1551. Juan Gómez de Carmona fue el maestro mayor al inicio de los trabajos, aunque se desconoce el autor del diseño del templo.
A finales del siglo XVI y durante el Seiscientos se advierte una preocupación por reanudar la actividad constructiva en la Catedral y dotarla de un ajuar litúrgico adecuado. Las obras arquitectónicas de mayor empeño fueron las de la sala capitular, la torre, la capilla del Sagrario así como el primer retablo mayor.
El siglo XVIII fue parco en realizaciones arquitectónicas, salvo el claustro, que supuso la culminación del proceso edificatorio.
La fortaleza
La catedral almeriense presenta planta rectangular, dividida en dos partes bien diferenciadas. La septentrional, formada por el templo, dispuesto en sentido este-oeste, y la meridional, por la fortaleza, organizada en torno al claustro.
Su carácter militar, adoptado por una orden expresa del emperador Carlos V en 1525, fue el aspecto determinante en la concepción del edificio. Éste se impone por la solidez de sus robustos muros de sillería y el aparato de sus cubos, además de la torre-campanario, situada en el ángulo noroeste. Este achatado prisma cuadrangular, cuya altura sólo supera la del templo con el cuerpo de campanas, fue levantado entre 1603 y 1622. La severidad castrense del conjunto, cuya ornamentación se reduce a las portadas, ha permanecido inalterable hasta nuestros días, imprimiéndole una imagen singular en el contexto de las catedrales españolas.
En el interior destaca un espacio abierto que, pese a ser concebido como claustro y plaza de armas, también sirvió de jardín y huerto. Aún existen restos del primer claustro gótico del siglo XVI, cuyas obras quedaron paralizadas durante dos siglos. La construcción del actual tuvo lugar entre 1785 y 1797. Esta obra, para cuyo inicio fue preciso derribar los elementos del anterior, resultó una armoniosa obra neoclásica.
El templo
Responde a un modelo de iglesia del gótico tardío (uno templo de este estilo en Almería), con marcados tintes barrocos. Comprende tres naves de cuatro tramos, crucero alineado a los costados, girola con tres capillas que la coronan y otras cuatro más entre los contrafuertes del costado sur. Las naves se cubren con bóvedas de crucería estrellada, que constituyen un magnífico ejemplo del gótico hispano del siglo XVI. El cimborrio, inspirado en el de la catedral de Sevilla, muestra sus cuatro costados perforados con óculos que se ornamentan con relieves vegetales, seres monstruosos y medallones con los Padres de la Iglesia.
En la tradición de las catedrales españolas, la de Almería conserva el coro en la nave central, cuya sillería en madera de nogal, fue tallada por Juan de Orea entre 1558 y 1561, en la prelatura de Corrionero, cuyo escudo campea sobre las puertas laterales. El coro, de inspiración italiana, se engalanó con dos órganos barrocos, de los que sólo perduran sus suntuosas cajas.
La portada principal, fruto de un cambio de planes en la concepción de la fortaleza, en el extremo norte de crucero y la de los Perdones a los pies del templo, constituyen dos puntos de atracción en medio de la sobriedad de los paramentos externos del conjunto. Ambas fueron labradas de forma casi simultánea por Juan de Orea, a partir de 1555. Estas hermosas portadas renacentistas, desarrolladas entre parejas de contrafuertes de la obra gótica, son el soporte de escudos, emblemas y cartelas alusivas a las figuras del emperador Carlos V, en la principal, de Felipe II, en las de los Perdones, y del obispo Fernández de Villalán, en ambas.
Las capillas y otras dependencias
Entre los contrafuertes del costado meridional del templo haycuatro capillas, todas ellas de sencilla arquitectura y afectadas por la pérdida de su mobiliario antiguo. La primera, junto a los pies del templo, es el Sagrario, construida a partir de 1606, por una petición del obispo Portocarrero y ampliada en 1721, sirvió de modelo para el resto.
La contigua fue primero baptisterio, hasta que en el siglo XVIII se dedicó a Nuestra Señora del Carmen. Las dos capillas siguientes fueron solicitadas para enterramientos privados: la tercera, pretendida por don Lorenzo Manuel Puche en 1663, acabó en fracaso, no logrando ser realizada hasta el siglo XVIII bajo la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza. Mejor fortuna tuvo la cuarta, dedicada a San Ildefonso, cuyos derechos consiguió desde 1591 Hernando de Ballesteros.
De las tres capillas de la girola, la del extremos sur fue la última en abovedarse en el siglo XVI y se dedicó en 1743 al culto a San Indalecio, Patrono de la Iglesia almeriense. La capilla gemela del lado norte, llamada de la Piedad, acoge el sepulcro de don Antonio Corrionero, que el siglo XVIII, fue rebajado hasta su estado actual. Esta capilla estuvo presidida desde 1687 por un retablo con cuatro lienzos que son atribuido a Alonso Cano sobre la Anunciación, la Asunción, Santa Teresa y San Antonio de Padua, este último que quedó destruido en 1936, sustituyéndose por otro de San Francisco de Paula, obra atribuida a Antonio García Puerta, autor de las representaciones marianas que adornar la capilla mayor. En el interior de estas capillas de la girola existen varios cuadros de autor desconocido, aunque se atribuyen al artista granadino, seguidor de Alonso Cano, José Risueño.
En el centro de la girola se encuentra la capilla funeraria del obispo Fernández Villalán. En el centro del espacio se levanta el sepulcro del prelado que labró Juan de Orea en 1560, presidido por la imagen del Cristo de la Escucha, obra de Jesús de Perceval, de 1941, que suple a la original, del siglo XVI, que se perdió en 1936.
Entre todas estas capillas, y presidiendo la catedral, se encuentra la capilla mayor, con su templete, diseñado por Ventura Rodríguez y que construyo Eusebio Valdés, mismo artista de cuyas manos salió el altar de la capilla del Carmen.
Por lo que se refiere a las dependencias auxiliares, merecen especial mención las sacristías, de las que la mayor tiene un notable parecido con la de las Cabezas de la Catedral de Sigüenza. Su decoración sobria responde al estilo de los maestros anteriores a la llegada de Juan de Orea, a quien se le atribuye la construcción.
Por último, merece especial mención la sala capitular, que fue terminada en 1603.
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