resistiendo

Elogio del imbécil

Andrés García Ibáñez | Actualizado 05.12.2008 - 01:00
CON frecuencia me he preguntado el porqué de la proliferación alarmante de la estupidez. Por qué hay gente inepta en cargos de responsabilidad o por qué el señor tras la ventanilla es un imbécil redomado e inaguantable. He visto, como práctica extendida, que el superior es más incapaz y nulo que el inferior, y hacer a este último toda clase de genuflexiones y circunloquios humillantes, a fin de que su jefe, corto de entendederas, pueda asimilar sus argumentos. Hay una tendencia a que el poder y los puestos de decisión estén en manos de necios e imbéciles, tanto en lo público como en la empresa privada, y todo funciona, aparentemente, a las mil maravillas. Las respuestas a todos estos interrogantes las aporta un conocido periodista italiano, Pino Aprile, en su libro "Elogio del imbécil". En él, aporta argumentos de carácter biológico-evolutivo referidos a la especie humana, como para no dejar a nadie impasible. Yo, misántropo irreductible, he visto el cielo abierto con sus divagaciones. En esencia, hemos de aceptar como evidente y constatable el hecho de que el número de imbéciles crece sin freno y a marchas forzadas, y que todos encuentran un hueco a su medida en esta sociedad. La explicación es muy sencilla; la inteligencia humana ya no es necesaria para mantener nuestro sistema. Fue indispensable para llegar a conquistar el mundo y crear todos los progresos tecnológicos sobre los que se asienta nuestra moderna sociedad del bienestar. Evolutivamente, la especie tuvo que usar y desarrollar su inteligencia para ejercer su dominio circundante y crear soluciones portentosas a todos los problemas; agudizar el intelecto ha sido lo distintivo del humano… hasta hoy. Conseguido este estado de cosas, pensar inteligentemente es una amenaza real a la estabilidad del bienestar. Para conservar nuestro sistema hay que castrar toda aventura creativa y por ello el individuo inteligente tiene los días contados; los capacitados hace ya tiempo que son vistos como un peligro auténtico, y la gran masa de estúpidos, inercialmente, invierte la tendencia evolutiva tradicional. Ahora se elimina y discrimina al inteligente; se le confina a puestos impropios de su estatura intelectual, se le desaprovecha y humilla. Los imbéciles, por el contrario, ocupan los puestos de relevancia. Además, tienen un mayor éxito y poder de procreación, con lo que su número crecerá exponencialmente. Es, ni más ni menos, una involución en términos absolutos; hacia atrás…como los cangrejos. Por coherencia con el argumento, hemos de aceptar el hecho, científicamente demostrable, de que, en un futuro no muy lejano, nuestra especie acabe mutando en un tipo de primate, auténtico heredero de la Tierra.
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