resistiendo

Dedocracia

Andrés García Ibáñez | Actualizado 15.01.2009 - 01:00
EN estos tiempos de crisis económica, propicios a todo tipo de diagnósticos, se olvida escrutar formas nuevas para que el sistema se apriete el cinturón, dado que los apretones van siempre, generalmente, al mismo sitio. Me refiero a cuestionar algunas de las esencias mismas del cotarro, como este bochornoso espectáculo, legitimado por otra parte, que permite con total impunidad a los cargos políticos la asignación a dedo de otros y de cuantos asesores estimen convenientes, a fin de mantener ilegalmente los partidos, en especial los grandes que dominan las administraciones, con cargo al dinero público, garantizando la supervivencia de toda una pléyade de inútiles y delincuentes con el carné de militancia. Salvo los alcaldes y sus concejales, presidente del gobierno y presidentes autonómicos, que son elegidos en el libre y consciente ejercicio del voto individual en la urna, el resto de cargos son designaciones de "confianza", esto es, del ejercicio dedócrata. El presidente es elegido por democracia; después empieza la pirámide escalonada de la dedocracia. Escoge éste a sus consejeros, que a su vez hacen lo propio con sus viceconsejeros, delegados y directores generales, estos hacen lo mismo con sus subdirectores y jefes de servicio… y así sucesivamente. Además, gran parte de ellos pueden asignar libremente más cargos de confianza, con la etiqueta de "asesores", y sin limitaciones. Y todos cobrando sueldecitos nada desdeñables, en algunos casos con cuantías desmedidas. Mientras tanto, el castigado español y contribuyente va realizando virtuosismos para ir tirando, pagar la hipoteca, préstamos y otras hierbas asfixiantes. En el transcurso piramidal y descendiente del poder jerarquizado, en virtud de la "confianza" depositada, los cargos toman decisiones que afectan a muchos grupos y sectores de personas, a veces desfavorablemente. La cúspide de la pirámide no llega a tener constancia de estas incidencias, pues el ciudadano normal sufre, paradójicamente, una casi imposible interlocución con ella.

La inutilidad, prepotencia y nula cualificación de muchos cargos dedocráticos y sus equipos asesores genera, cada vez más, problemas irresolubles y gastos disparatados. Y con ellos un descrédito de la administración y el ejercicio del poder ante toda la opinión pública. Es lo que hay; la máxima de esta gentuza es servir primero a sus intereses personales y después a los del partido que los ampara. Sólo se acuerdan de nosotros en época electoral; entonces sí visitan casa por casa, buscando a los damnificados por su labor. Y todavía se extrañan, algunos de estos cuatreros, ante los bajos índices de participación ciudadana en los comicios. A la mierda, hombre.
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