desde mi atalaya

Y llegó el toreo a caballo

Benjamín / Hernández / Montanari | Actualizado 25.08.2009 - 01:00
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EN el toreo, el siglo XVII fue el del rejoneo. Cuatro después vivimos época dorada. Entonces, generalidad entre la nobleza que alcanzaba la afición a torear a caballo. Luego ganó la fiesta popular a pie. Dando lugar a que casi desapareciese en el XIX. Gracias a que en fiestas reales o corridas extraordinarias era obligado el "caballero en plaza", se mantuvo. Pero pasado el tiempo la presencia del caballo en la lidia pasa a ser como auxiliar eficacísimo de ella. Alguaciles, mulillas, picadores y sus corazas con protagonismo de segunda línea. El toreo a caballo acaba refugiándose en el campo como uso de ganaderos. Pero vuelve a la plaza como hazaña de la dehesa. Con silla vaquera y traje corto, a veces con garrocha para correr al toro de salida. Tal como lo conocemos hoy es gracias a Antonio Cañero que en 1921 hace pública en una corrida patriótica la lidia completa paralela a la ordinaria de a pie. Toreo a caballo de origen andaluz para que el toro se encuentre con las mismas bestias y hombres vestidos con el mismo atuendo que los que le manejaran en los cerrados. De esta siglo el nombrado Cañero, Belmonte, Domécq, Duque de Pinohermoso, Cintrón, Peralta, Pérez de Mendoza, Salvador Guardiola (muerto en la plaza), Vidrié, Buendía, Cartagena, Bohórquez hasta llegar al rey de esta Edad de Oro llamado Pablo Hermoso de Mendoza que no es ni jerezano ni portugués.

De estilo propio, autodidacta a la vera de Moura como maestro y consejero, aporta nuevos principios al toreo a caballo dándoles sensación de capotes y muletas. Espoleado, y ¡de qué manera!, por Diego Ventura. Con Bohórquez los hemos visto. Aquí, en Almería, como recopilación salvada de la historia del toreo a pie. Tarde de éxito para el recuerdo. Con buena entrada para la empresa. Lucimiento con casi tres puertas grandes y la satisfación de un público entregadocon rejoneo de galería. La pureza sin concesiones baratas para Fermín Bohorquez.
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