desde mi atalaya

El dolor de un aficionado

Benjamín / Hernández Montanari | Actualizado 31.08.2009 - 01:00
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UNA afición no debe producir dolor. Todo lo contrario, su secreto es el placer porque la mayoría de la veces supone un coste físico, o económico, o de tiempo dedicado. Cuando el placer pasa a ser un sufrimiento, mala cosa. El sufrimiento , por naturaleza humana, es razón de huida. La miseria, las guerras, el desencuentro , por un poner, es motivo de alejamiento.

En una plaza de toros ver una embestida brava entendida por un torero capaz para el dominio y el arte, es casi un milagro irrepetible en el tiempo y único. Por eso disfruto en una plaza. Aunque no haya conjunción, una simple embestida de esperanza, o un muletazo de mando y pellizco, o un detalle de un quite de un banderillero puede compensar toda una temporada.

De la feria de Almería de 2009 guardo unos recuerdos imborrables. El de un Julian López "El Juli" casi intratable por el magisterio demostrado en la lidia de su primer toro, si hablamos de toreros, y el del segundo toro enviado por Joselito y que lidio El Cid a medias, si hablamos de toros. Para mi , como aficionado (malo o bueno) que me siento, es suficiente. Fíjense con que poco nos conformamos.

Pero este año el sufrimiento ha podido a la felicidad. Sí, he sufrido. Por los comentarios que me llegan, muchos hemos sufrido. Y según pasa el tiempo ese sufrimiento que permanece está haciendo daño. Dolor por la falta de honestidad de algunos responsables con la FIESTA (ganaderos, toreros, empresario y presidencia). Por la falta de cariño con la imagen de una ciudad. Por el simulacro de dignidad de un espectáculo siempre respetado.

Me duele la rechifla que han visto los que vienen de fuera. Me exaspera que el nivel, conseguido por todos, de una feria de respeto se haya venido abajo en tan solo siete días.

Me cuentan que presidentes de antaño, con mayor desespero que el mío, dicen estar dispuesto a a volver para salvar la nave. Para que la plaza vuelva a ser divertida y brillante. Para que vuelva a haber alegría y luzca más la estética en el tendido. Es un hito que la plaza reventase en protestas en diversas ocasiones. Que la gente saliese disgustada continuamente de la plaza.

Una plaza sin rumbo cuyo capitán debe hacer un repaso de conciencia y valorar si sus decisiones, con la concesión o negación de orejas y con la permisividad de que ciertos toros saltasen a la arena, qué parte de culpa soporta. Una plaza cuyo contratante ha errado con la selección del ganado.

Me duele que al final no pase nada pese a la reacciones, que hubiesen deseado cierto reflejo de otros compañeros que en el tendido se rasgan las vestiduras, y el enfado de la afición. Con nombres y apellidos podríamos sacar lista al bueno de Marco Rubio de aquellos que por delante alaban y palmotean espalda y por detrás apuñalan con crítica. Aquí damos la cara. Otros alaban y engañan o esconden enojo porque algo desean, algo piden o algo deben. ¡Qué dolor!
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