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Plan de urgencia tras el temporal
editorial
Plan de urgencia tras el temporal
| Actualizado 11.03.2010 - 01:00EL Gobierno de la nación y la Junta de Andalucía, tras la reunión presidida en la Moncloa por sus respectivos presidentes, Rodríguez Zapatero y Griñán, han aprobado un plan urgente de reparación de infraestructuras, rehabilitación de playas y ayudas a los afectados por el temporal que ha azotado a la comunidad autónoma desde la segunda quincena de diciembre. Ambos ejecutivos han constatado la gravedad de la situación, con severos daños en carreteras, infraestructuras del litoral, cultivos agrícolas y viviendas y han acordado la financiación conjunta de las medidas correctoras que se hacen imprescindibles, mediante la aplicación del decreto de 2005 sobre catástrofes naturales y de la ley que va a desarrollarlo y completarlo, a punto de publicarse en el Boletín Oficial del Estado. Ello debe permitir, junto al cambio en las condiciones meteorológicas, que se acometan a la mayor brevedad las tareas de rehabilitación de las playas y paseos marítimos, cuyo estado puede repercutir en los movimientos turísticos de la próxima Semana Santa, la reducción del número de peonadas exigidas a los jornaleros para acceder al subsidio agrario, la valoración correspondiente de los daños en el campo no cubiertos por los seguros y el arreglo de desperfectos locales a través del Plan E y del Plan de Empleo Rural. Dado que resulta imposible aún cuantificar la magnitud de los perjuicios ocasionados por tormentas e inundaciones, es necesario apelar a la responsabilidad de ambos gobiernos ante una situación que afecta gravemente a las vidas y propiedades de cientos de miles de andaluces, golpeadas ya por una crisis que tiene en esta región una particular incidencia. No deben regatearse las ayudas. Al propio tiempo, conviene aprovechar la ocasión para no reincidir en viejos errores que se han venido cometiendo en materia de construcción de infraestructuras, edificaciones en cauces inundables y viviendas fuera de la ley. Además de subvenir a las necesidades más perentorias en pueblos, campos y ciudades, ha de procurarse que las obras tengan vocación de durabilidad y no haya que volver a empezar tras la próxima tempestad.

