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Recesión económica y suicidio
la tribuna
Recesión económica y suicidio
Fernando Heredia Martínez | Actualizado 11.03.2010 - 01:00LOS medios de comunicación españoles se han hecho eco de una información facilitada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), según la cual las cifras de suicidio en España superan a las de muertes por accidente de tráfico. El hecho es en sí novedoso en tanto en cuanto, tradicionalmente en nuestro país, en el grupo de muertes violentas, las muertes en carretera han superado ampliamente a las de suicidio. Ello, unido a los graves problemas de orden económico y social que padecemos, obliga a una reflexión, aunque sea limitada en el espacio y bajo la inmediatez del tiempo, tal como ocurre en la cultura de la comunicación.
Suicidio, de sui y genere, la muerte de sí mismo según la definición etimológica de suicidio dada en el siglo XVIII por la Enciclopedia, es un comportamiento único y desconcertante de la especie humana que nos obliga a meditar sobre el mismo, tal como lo percibió Albert Camus en El mito de Sísifo al afirmar: "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio".
Esquirol, psiquiatra francés del siglo XIX, fue el primero en estudiar científicamente la cuestión del suicidio, llegando a afirmar que: "El hombre no atenta contra sí mismo sino en estado de delirio y todos los suicidas no son sino alienados". A esta afirmación tajante, Durkheim, padre de la sociología, al estudiar las estadísticas sobre suicidios de diversos países, consideró que los seres humanos somos receptores y en ocasiones víctimas de fuerzas sociales que nos superan. Para Durkheim, "toda sociedad esta dispuesta a suministrar un contingente determinado de muertes voluntarias".
La psiquiatría clínica actual viene considerando el suicidio, sea como expresión de un trastorno en los mecanismos de recaptacion de la serotonina, sea un trastorno del control de los impulsos, sea una alteración genética. Desde el psicoanálisis, Freud reitera a lo largo de su obra que el suicidio es un acto de agresión encubierto contra el otro. Para Freud, nadie tiene la fuerza suficiente para darse muerte a sí mismo, y el suicidio debe ser interpretado como un homicidio contra el otro. Ese otro del que previamente se ha producido una identificación inconsciente y se ha incorporado fantasmáticamente dentro de sí. No se mata uno a sí mismo. Se mata al objeto, a la persona que se lleva de forma inconsciente consigo.
Dicho todo esto como introducción, cabe preguntarse, ¿existe algún tipo de relación entre una situación de grave crisis económica y el número de suicidios? Durkheim, en su obra El suicidio, publicada en 1897, afirmó que las crisis económicas tenían una influencia agravante sobre el número de suicidios, y cita entre otros los ejemplos de la crisis financiera en Viena de 1873 o el crack de la Bolsa de París durante el invierno de 1882, que provocaron un aumento del número de suicidios. Durante los años 80 del siglo XX, los estudios de Davidson y Choquet en Francia; Platt en Gran Bretaña y Michel en Suiza consideraron que el desempleo era un factor de riesgo suicida, pero que por sí solo no provocaría el acto suicida, teniendo que ir acompañando de otros factores de riesgo de ordenes médicos y psicológicos.
Sin embargo, la situación ha cambiado a partir de la actual recesión económica mundial. Un estudio realizado por el Instituto Karolinska de Suecia sobre 49.321 adultos suecos y publicado en 2009 llega a la conclusión que el desempleo se asocia con un mayor riesgo de mortalidad. Otro estudio efectuado por el King's College del Reino Unido sobre estadísticas vitales de 26 países de la Unión Europea entre 1970 y 2007 y publicado en The Lancet en 2009 ha puesto de manifiesto de manera general que un rápido y amplio incremento del desempleo está asociado a un significativo aumento de suicidios. De una manera más concreta, cada aumento del 1% en el desempleo se asocia con un aumento del 0,79% de los suicidios en edades menores de 65 años, aunque la magnitud del efecto no fue significativo en todas las edades. Además, un aumento de más del 3% por ciento en el desempleo tuvo un mayor efecto sobre los suicidios en edades menores de 65 años Por el contrario, las muertes por accidente de trafico en carretera disminuyeron en un 1,39 % .
En resumen, en los países de la Unión Europea, el aumento del desempleo en la actualidad se asocia con un aumento de muertes por suicidio, mientras que se produce una disminución de las muertes por accidente de tráfico. Examinados pues los datos que nos ha ofrecido el Instituto Nacional de Estadística sobre muertes violentas, cabría decir como epitafio a este artículo que España ha dejado de ser "diferente" al resto de países europeos.
Suicidio, de sui y genere, la muerte de sí mismo según la definición etimológica de suicidio dada en el siglo XVIII por la Enciclopedia, es un comportamiento único y desconcertante de la especie humana que nos obliga a meditar sobre el mismo, tal como lo percibió Albert Camus en El mito de Sísifo al afirmar: "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio".
Esquirol, psiquiatra francés del siglo XIX, fue el primero en estudiar científicamente la cuestión del suicidio, llegando a afirmar que: "El hombre no atenta contra sí mismo sino en estado de delirio y todos los suicidas no son sino alienados". A esta afirmación tajante, Durkheim, padre de la sociología, al estudiar las estadísticas sobre suicidios de diversos países, consideró que los seres humanos somos receptores y en ocasiones víctimas de fuerzas sociales que nos superan. Para Durkheim, "toda sociedad esta dispuesta a suministrar un contingente determinado de muertes voluntarias".
La psiquiatría clínica actual viene considerando el suicidio, sea como expresión de un trastorno en los mecanismos de recaptacion de la serotonina, sea un trastorno del control de los impulsos, sea una alteración genética. Desde el psicoanálisis, Freud reitera a lo largo de su obra que el suicidio es un acto de agresión encubierto contra el otro. Para Freud, nadie tiene la fuerza suficiente para darse muerte a sí mismo, y el suicidio debe ser interpretado como un homicidio contra el otro. Ese otro del que previamente se ha producido una identificación inconsciente y se ha incorporado fantasmáticamente dentro de sí. No se mata uno a sí mismo. Se mata al objeto, a la persona que se lleva de forma inconsciente consigo.
Dicho todo esto como introducción, cabe preguntarse, ¿existe algún tipo de relación entre una situación de grave crisis económica y el número de suicidios? Durkheim, en su obra El suicidio, publicada en 1897, afirmó que las crisis económicas tenían una influencia agravante sobre el número de suicidios, y cita entre otros los ejemplos de la crisis financiera en Viena de 1873 o el crack de la Bolsa de París durante el invierno de 1882, que provocaron un aumento del número de suicidios. Durante los años 80 del siglo XX, los estudios de Davidson y Choquet en Francia; Platt en Gran Bretaña y Michel en Suiza consideraron que el desempleo era un factor de riesgo suicida, pero que por sí solo no provocaría el acto suicida, teniendo que ir acompañando de otros factores de riesgo de ordenes médicos y psicológicos.
Sin embargo, la situación ha cambiado a partir de la actual recesión económica mundial. Un estudio realizado por el Instituto Karolinska de Suecia sobre 49.321 adultos suecos y publicado en 2009 llega a la conclusión que el desempleo se asocia con un mayor riesgo de mortalidad. Otro estudio efectuado por el King's College del Reino Unido sobre estadísticas vitales de 26 países de la Unión Europea entre 1970 y 2007 y publicado en The Lancet en 2009 ha puesto de manifiesto de manera general que un rápido y amplio incremento del desempleo está asociado a un significativo aumento de suicidios. De una manera más concreta, cada aumento del 1% en el desempleo se asocia con un aumento del 0,79% de los suicidios en edades menores de 65 años, aunque la magnitud del efecto no fue significativo en todas las edades. Además, un aumento de más del 3% por ciento en el desempleo tuvo un mayor efecto sobre los suicidios en edades menores de 65 años Por el contrario, las muertes por accidente de trafico en carretera disminuyeron en un 1,39 % .
En resumen, en los países de la Unión Europea, el aumento del desempleo en la actualidad se asocia con un aumento de muertes por suicidio, mientras que se produce una disminución de las muertes por accidente de tráfico. Examinados pues los datos que nos ha ofrecido el Instituto Nacional de Estadística sobre muertes violentas, cabría decir como epitafio a este artículo que España ha dejado de ser "diferente" al resto de países europeos.

